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Full text of "Noche de cabaret : comedia en tres actos, en prosa"

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7 7 2S 




DE CABARE 

f 

COMEDIA EN TRES ACTO^^N PROSA. 

ORIGINAL 

CON UNOS NUMEROS DE MUSICA DEL MAESTRO 

RAFAEL CALLEJA 



llllll llllilllllllllllllll lHllllll 



Copiryght by Antonio Paso y Antonio Estremera* 



MADRID ¡j 
SOCIEDAD DE AUTORES ESPAÑOLES 
Calle del Prado, núm. 24 
1928 



Noche de Cabaret 



COMEDIA 

en tres actos, en prosa, original y en 

LETRA DE 

ANTONIO PASO y ANTONIO ESTREMERA 

CON UNOS NÚMEROS DE MUSICA, DEL MAESTRO 

RAFAEL CALLEJA 

Estrenada en el TEATRO DE LA LATINA; 

el día 16 de Octubre de 1928 

x^^XWT^^— 



MADRID 

Imprenta DUCAZCAL, de H. Gocnzález. — Amnistía, 3 
Teléfono 19.035 
1928 



NOCHE 



DE CABARET 



Esta obra es propiedad de sus autores, y 
nadie podrá, sin su permiso, reimprimirla 
ni representarla en España ni en los países 
con les cuales se hayan celebrado, o se ce- 
lebren en adelante, tratados internaciona- 
les de propiedad literaria. 

Los autores se reservan el derecho de 
traducción. 

Los comisionados y r presentantes de la 
Sociedad de Autores Españoleé son les en- 
cargados exclusivamente de conceder o 
negar el permiso de repn sentación y del 
cobro de los derechos de prop'edad. 



Droits de representaron, de traduction 
et de reproluction reserves pour tous les 
pays, y compris la Suéde, la Norvége et la 
Hohnie 



Queda hecho el depósito que marca la ley. 




ACTO PRIMERO 



Interior de una relojería, en una planta baja, ni muy 
lujosa ni muy pobre : más bien modesta. Primer térmi- 
no izquierda del público, puerta de entrada de la calle. 
Primer término de entrada, puerta con cortina, que se 
supone da paso a las habitaciones interiores. En el 
fondo y ocupando gran parte de él, mostrador; sobre 
él, vitrina que contendrá relojes, cadenas, dijes. En las 
paredes se verán infinidad de relojes de diferentes for- 
mas y tamaños: en la parte alta del muro, que da 
frente al público, se leerá en el centro: 

"BENIGNO DOCE" 
HORLOGUERIE.— RELOJERO 
SE HACEN TODA CLASE DE COMPOSTURAS. 

Al empezar la acción, son las cuatro de la tarde. De- 
trás del mostrador figura que trabaja QUEJIDO, ofi- 
cial de la relojería; joven. Por la puerta de la iz- 
quierda, o sea la de la calle, entra SANSON, mozo de 
cordel, vestido como los de su oficio y con la clásica 
cuerda al hombro. 

Quejido (Al verle entrar.) ¡Hombre, Sansón! 
Qué te trae por aquí ? 

Sansón Qué quiés que me traiga; el extraplano, 
(Saca un reloj Roskof, de esos muy gran- 
des) que no quié andar bien. Tan pronto 



Quejido 



Sansón 

Quejido 

Sansón 

Quejido 

Sansón 



Quejido 

Sansón 

Quejido 



Sansón 



Quejido 



me se retrasa veinte minutos como me se 
adelanta cuarenta, y esta mañana me se 
ha quedao parao y no hay quien le haga 
circular. 

A ver, a ver. (Coge el reloj y lo exami- 
na.) ¡Claro, hombre; si es que tú haces 
locuras con la cuerda; la tratas como esa 
que llevas al hombro, y la has saltao! 
¿De modo que cuerdecita nueva? 
Nueva. 

¿Y pa cuándo estará? 

Para la semana que viene. 

Oye, y mientras tanto no me pedías dejar 

algún cacharro de esos, porque yo sin 

hora estoy perdió. 

Sí, hombre, sí; toma. (Le da un reloj.) 
¿Es fijo? 

De lo más fijo: lleva cuatro años en las 
ocho y cuarto; pero no tengas cuidado, 
que ya está arreglado y marchando. 
Te advierto que ¡como atrase me cuesta 
un disgusto con la parienta, porque sale 
a buscarme, y siempre me coge en la ta- 
berna. 

Bebe tranquilo que no atrasa. (Sansón 
hace mutis.) 



(Quejido sigue haciendo como que tra- 
baja. Por la puerta de la derecha sale 
ESPERANZA, mujer de unos cuarenta 
años cumplidos.) 

Esperanza (Saliendo.) Oye, Quejido, ¿no ha vuelto 
mi hermano? 

Quejido Don Benigno no ha venido, no señora: 
Ahora que no debe usted preocuparse, 
porque los asuntos de justicia siempre 

son... 

Esperanza (Sin dejarle acabar.) Pero qué justicia ni 
qué niño muerto; si total no era más que 
firmar no sé qué, dándole posesión de la 
herencia. 



Advertencia importante 



Esta comedia puede representarse prescin- 
diendo, total o parcialmente, de la parte 
musical. 

El buen criterio del Director de Escena 
aconsejará las supresiones oportunas en el 
diálogo. 



Los materiales de orquesta, sexteto o piano 
deben solicitarse de la Sociedad de Autores 
Españoles. 



REPARTO 



PERSONAJES ACTORES 

ROSARIO Rosa L. Gorostegui. 

DOÑA GALA Amalia S. Ariño. 

MERCEDES María Lacalle. 

DOÑA ESPERANZA Concepción Montes. 

NATI Carmen P. de León 

AMPARITO Amparo Bastillo. 

JULITA Rosa Frías. 

ANTONIA Amalia Arisán. 

DESEADA Elisa Hernández. 

BENIGNO Manuel París. 

FIDEL Vicente Mauri. 

QUEJIDO Vicente Ariño. 

PACO José Sepúlveda. 

EL NIÑO DE LA RAYA ... Vicente Moya. 

DON VALERIANO Antonio Queipo. 

TRINCHERILLA Paulino Casado. 

UBALDO Antonio Queipo. 

CRISTINO Luis Lozano. 

SANSON Ignacio Ortega. 

REMIGIO Antonio Queipo. 



Epoca actual. — La acción en Madrid. 
Derecha e izquierda, las del actor. 



Deseada 
Valeriano 



Deseada 
Valeriano 



Quejido 
Valeriano 

Quejido 

Valeriano 



Quejido 

Valeriano 



Quejido 

Valeriano 

Quejido 



Valeriano 
Quejido 



(Entrando.) Está bien, papá. 
Tú siempre a mi lado; todo lo más que 
te concedo son diez centímetros de dis- 
tancia, ¿lo oyes? 7 
Sí, papá. 

Ahora, con eso de los pollos pera, los 
pollos trincheras y toda esa variedad de 
plumíferos que han brotado, toda precau- 
ción es poca. Gracias que a mí, mientras 
pueda manejar éste, (Hace un molinete 
con el bastón) no digo un pollo, el "Cor- 
don Bleu" lo liquido en cinco minutos. 
Bueno, pues usted dirá lo que desea. 
Lo que deseo... ¿Usted no es el maestro, 
verdad ? 

No, señor... el maestro ha tenido preci- 
sión de salir; pero si yo puedo servirle... 
(Dudando.) Qué sé yo... porque se trata 
de un reloj muy antiguo, que viene de pa- 
dres a hijos. 

Por muy antiguo que sea... 
Es dé cuco, y no sé si la criada al lim- 
piarlo o tal vez por los .muchos años que 
tiene... el hecho es que desde hace días, 
funciona muy mal; sobre todo el cuco se 
asoma a las horas que le da la gana, unas 
las da, otras no; unas veces sale antes de 
tiempo, otras no sale, y por la noche es 
muy raro que salga. 
Estará delicado. 
¿Cómo? 

Que estará descompuesto; esa clase de 
relojes tienen una maquinaria tan compli- 
cada... Sobre todo con los cucos hay que 
tener un cuidado... 

Pues a eso venía; a saber si aquí se com- 
prometían a arreglármelo. 
Yo por mí, no me atrevo a darle a usted 
una contestación definitiva. Ahora que el 
amo es un artista de los poquitos que hay, 
y estoy seguro que el cuco ese, no se le 
resiste. 



— 12 — 

Deseada Si te parece, podemos ir a lo de mi som- 
brero y volver. 

Quejido El no ha de tardar mucho. 

Valeriano No has pensado mal: ahora volvemos. 

Quejido Cuando guste: ya sabe que esta casa es 
de usted y de su hija. 

Deseada (Con mimo.) ¡Ay, muchas gracias! 

Quejido (Galante.) No hay de qué, señorita. 

Valeriano (Escamado.) ¿Eh? ¿Qué es eso? ¿Le ha 
hecho usted una seña a la niña? 

Quejido (Asustado.) ¿Yo, caballero? ¡Cómo me 
iba a permitir... ha sido una galantería! 

Deseada Sí, papá, una galantería. 

Valeriano Es que ya sabes que hacerte a tí una seña 
equivale a dejarse caer en una cama de 
operaciones. 

Quejido (Aparte.) ¡Qué bárbaro! (Alto.) Le juro 
a usted, señar mío... 

Valeriano (Más en ñera.) Diga usted que no estoy 
seguro, que si no... -Mientras yo viva no 
hay quien se time con ésta, porqüe el que 
le haga un mohín nada más, ese, se va... 

Quejido (Sin dejarle acabar.) A la cama... de ope- 
raciones. 

Valeriano A que lo trepanen; hasta luego. Vamos. 

(Hacen mutis los dos por la izquierda.) 

Quejido (Viéndolos marchar.) ¡Mi madre, qué 
padre! Para mí que el cuco no sale de 
miedo que le tiene. En fin, vamos a se- 
guir trabajando. 

(Se va detrás del mostrador, y figura que 
se pone a trabajar. Hay un momento de 
pausa. Por la izquierda, entran FIDEL, 
de unos cuarenta años, y BENIGNO. Este 
último saca dos botellas de agua de Insa- 
lus y entra riéndose, pero tan exagerada- 
mente que se sujeta el vientre con las 
botellas.) 



Benigno (Riendo.) Ja, ja, ja, ja, ja. 
Fidel ¡Pero, Benigno!... 



Quejido (Saliendo del mostrador.) De todas ma- 
neras esas cosas... (Con interés.) Oiga 
usted, doña Esperanza, ¿es verdad que 
pasan de ochenta mil duros los que le ha 
dejado ese tío de Cáceres? 

Esperanza Sí, hijo, sí; muy cerca de los cien mil: 
¡Quién se lo iba a figurar! Un pariente 
con el que apenas nos tratábamos. Para 
Benigno, como para mí, ha sido una sor- 
presa enorme. 

Quejido (Con pena.) ¡Cien mil duros! 

Esperanza ¿Qué te pasa? Parece que te apena que 
haya heredado el amo? 

Quejido Sí que me apena doña Esperanza, porque 
su hermano ahora con ese dineral le dará 
una patada a todo esto o lo traspasará, y 
yo me quedaré en la calle y tendré que 
buscar trabajo, y no digo yo que no lo 
encuentre, pero lo que no encontraré será 
un amo como don Benigno. 

Esperanza Y que lo digas: mi hermano no es un 
hombre; a mi hermano lo pones al lado 
de una mantecada y sale perdiendo la de 
Astorga; pero no tengas miedo que tire, 
ni traspase esto; al contrario, lo que hará 
será ampliarlo, montarlo con más lujo. 

Quejido (Con alegría.) ¿Usted cree? 

Esperanza Si le quitas a él su trabajo, le quitas su 
vida.. Cincuenta y cinco años bien cum- 
plidos tiene, pues en los cincuenta y cin- 
co años no ha hecho más que eso, 
trabajar. ¿El irse de picos pardos? ¡En 
su vida! Eso que llaman correr una 
juerga para él es una leyenda tártara; y 
si es tocante a mujeres, ¡claro que le gus- 
tan como es lógico, pero no se deja arre- 
batar de la primera que le sale al paso. 

Quejido ¡ Qué bueno es ! 

Esperanza ¡Un alma de Dios! 

Quejido Y ni bebe, ni fuma... 

Esperanza ¿Beber? A mi hermano le hablas de Jerez 
o de Valdepeñas y cree que le estás ha- 



— 10 — 

- i 

blando del extranjero. En cambio, por las 
aguas medicinales siente una afición... A 
mí siempre que le sale bien un negocio 
o que es su cumpleaños o mi santo..., ya 
se sabe, me convida a una botella de So- 
lares o de Insalus. 

Quejido Ya lo sé: acuérdese que el día de San 
Benigno le regalé media docena de Mon- 
dáriz, ¡y me dió una de abrazos...! 

Esperanza Sí, hijo, sí; es su pasión: el agua; así 
como hay quien sale jugador o mujeriego 
o morfinómano, él ha salido aguadómano. 
¡Lo que me extraña, es que tarde tanto! 
¿Se fué sólo? 

Quejido No, señora; se fué con don Fidel, el del 
entresuelo ; ese que tiene Academia de 
coupletistas y de bailarinas 

Esperanza Sí, ya sé... ese que no le deja ni a sol ni 
a sombra. 

Quejido De todos modos, puede usted estar tran- 
quila, que en cuanto despache ya está 
aquí. 

Esperanza De eso tengo la seguridad... Bueno, voy 
a seguir en mis quehaceres, y cuando ven- 
ga me avisas. 

Quejido Descuide usted. 

(ESPERANZA hace mutis por la prime- 
ra derecha. Por la izquierda, entran DON 
VALERIANO y DESEADA; él es un 
hombre ya maduro, cara de pocos amigos, 
carácter agrio; ella, es una jovencita que 
aparenta una timidez que no siente. Don 
Valeriano se apoya en un bastón bastante 
regular. 

(Entrando.) Buenas tardes. 
Muy buenas. 

(A Deseada, que se habrá quedado en la 
puerta.) Pasa, Deseada, pasa: ya sabes 
que no me gusta que cuando entro en al- 
guna parte te quedes fuera. 



Valeriano 

Quejido 

Valeriano 



— 15 — 



Benigno 
Fidel 



Benigno 
Fidel 



tiran tres pellizcos, cuatro... según la 
hora en que lo hayas puesto. 
Fidel Pues el que lo ponga a las doce, lo 

mondan. Bueno, todo eso me parece ad- 
mirable; que mejores la tienda, que am>- 
plíes el negocio, que perfecciones tu des- 
pertador, que trabajes; pero hoy han va- 
riao para tí las cosas. 
¿Qué han variao? 

Sí, Benigno, sí: tú hoy puedes, qué digo 
puedes, estás en el deber de cambiar de 
vida. 

¿Yo? ¿Para qué? 

Para que te diviertas y disfrutes; en el 
mundo hay algo más que estas cuatro pa- 
redes ; la alegría, la expansión y la juerga 
son los tres principios básicos de la vida 
del hombre; porque que te elimines del 
planeta sin haber corrido unas cuantas 
juergas... Yo no sé lo que pensará San 
Pedro; pero si a mí me encargasen de la 
portería y llamases tú, abría la mirilla y 
te decía: "Usté se va otra vez al mundo 
y cuando me traiga un certificao de haber 
estao en la Cuesta de las Perdices con 
mujeres y un volante «de la Comisaría de 
haber estao detenido, entonces le dejaré 
entrar, porque éste es el recinto de los 
buenos; pero no de los panolis." 
Benigno Si yo tuviese la seguridad de que San Pe- 
dro para darme un billete de paraíso, me 
exigía antes uno de los toros, ya me te- 
nías haciendo cola en el despacho y ro- 
dando por los cabarets como un calavera 
empedernido. 

Fidel Tú lo has dicho : rodando por los caba- 

rets; saturándote de música, de risas de 
mujeres y de felicidad. Desengáñate, Be- 
nigno, en tu situación actual, si no te ex- 
pansionas, no tienes perdón de Dios. 

Benigno Pero si sabes que a mí las juergas no me 
llaman la atención, 



— 16 — 



Fidel 



Benigno 
Fidel 
Benigno 
Fidel 



Benigno 

Fidel 

Benigno 

Fidel 



Benigno 
Fidel 



Benigno 



Fidel 

Benigno 
Fidel 

Benigno 

Fidel 
Benigno 
Fidel 
Benigno 



No te la llaman porque no has corrido 
ninguna; pero en cuanto corras la prime- 
ra hay que atarte. 
¿Tanto se divierte uno? 
Todo lo que imagines es demacrado. 
¿Con mujeres, por supuesto? 
¡Hombre, gracias a Dios que te oigo ha- 
blar de mujeres, porque la verdad, ese ol- 
vido en que tienes al bello,. sexo... 
Olvido, no; miedo, Fidel; miedo ai ri- 
dículo; miedo a mis años... 
¿Pero es que tú eres algún Matusalén? 
Tanto como un Matusalén... Pero ya aso- 
man bastantes canas en mi cabeza y... 
Que te quites, hombre, tú estás precisa- 
mente en la edad que prefieren las muje- 
res. Hoy día los hombres ya hechos, gri- 
ses como les llaman, es que se los rifan. 
¿De modo que los pollos?... 
Pa con tomate: son unos primaveras. Ya 
lo dijo el poeta: "Juventud, primavera de 
la vida." Te digo que hoy día el otoño es 
el amo. 

Pues precisamente el verme en el otoño 
es lo que me ha contenido más de una 
vez; porque a mí me gustacn las mujeres 
como al que más... Ahora mismo hay una 
que me pide la cabeza y me la secciono y 
se la mando con un sello de urgencia, pe- 
gao en la frente para que la reciba más 
pronto. 

(Asombrado.) ¡Benigno, que te oigo y me 
parece que estoy soñando! 
Pues es una realidad, Fidel. 
¿Y quién es esa divinidad, si puede sa- 
berse. 

Esa divinidad es la que vive aquí arriba 
en el entresuelo. 
¿Rosarito Montoro? 
Rosarito Montoro. 
¿Y ella sabe?... 

Ni una palabra; la veo, la saludo, la son- 



— 13 ~ 



Benigno (Sin dejar de reír.) ¡Ja, ja!... ¡Ay que 
me troncho!... Ja, ja... 

Fidel Benigno, contente que te puedes herniar. 

Benigno Si es que ese don Jeremías ríe de una ma- 
nera que... y como yo soy tan impresiona- 
ble que lo que veo en un semejante me 
adopto... y muchas veces tardo en sol- 
tarlo. 

Fidel Pues sí que tienes una ganguita con esa 

impresionabilidad. 

Benigno Y que no lo puedo remediar. Ver a uno 
reir, y ya estoy soltando el trapo; le veo 
llorar, y se me ponen los ojos que te crees 
que son la fuente de los Galápagos. La 
otra tarde iba yo por la calle de Alcalá, y 
se me puso delante un señor que tenía una 
pierna más corta que otra y que andaba 
así... (Imita la cojera.) Bueno, pues a los 
pocos momentos, iba yo, que ya quisiera 
aquel señor, ¡para cojera la mía! Como 
que tuve que meterme en un taxis. 

Fidel ¿Y eso de qué será? 

Benigno De los nervios; según el médico, es un 
defecto nervioso, difícil de corregir. 

Fidel Bueno, Benigno; ta! día como hoy, y a las 

(Suenan en un reloj de pared, tres cam- 
panadas) ¿qué hora es? 

Benigno Las tres. (Suena en otro una sola campa- 
nada.) 

Fidel ¿Cómo las tres? 

Benigno Digo las tres y media. 

Fidel Pero, ¿cómo van a ser las tres y media, 

sí... (Suenan en otro seis campanadas.) 
Benigno Espérate... Son las seis. 
Fidel ¿ Las seis ? A que no vamos a saber la hora 

que es. 

Benigno Pues no faltaba más. (Mira los relojes, 
que cada uno marcará una hora distinta.) 
Oye, Quejido- 
Quejido (Saliendo del mostrador.) ¿Qué manda 
usted? 



— 14 — 



Benigno 

Quejido 
Benigno 



Fidel 
Benigno 



Fidel 

Benigno 
Fidel 

Benigno 



Fidel 
Benigno 



Fidel 
Benigno 
Fidel 
Benigno 



Asómate ahí a la tienda de comestibles y 
mira en el reloj qué hora es. 
Lo tiene desnivelao... 

¡Ah, sí, es verdad que me lo encargó esta 
mañana! Mira, llégate un momento y pón- 
selo en marcha. 
Bueno, pero ¿qué hora es? 

(Dejando las botellas sobre el mostra- 
dor.) La que quieras, hombre; mira que 
preocuparse «de la hora en una relojería... 



(Quejido coge el sombrero y hace 
tis por la izquierda.) 



mu- 



Era para decirte que tal día como hoy y 
a tal hora como la que sea, te has - conver- 
tido en el Roquefelier de los relojeros. 
Realmente, habrá pocos en mi oficio que 
dispongan de cien mil duritos. 
¡Cien mil lauréanos! Vamos, hombre; esos 
no los tiene ni Longines; y a mí se me 
ocurre preguntarte, ¿qué piensas hacer, 
Benigno? 

¿Qué quieres que piense? Trabajar como 
siempre; ampliar el negocio; poner relo- 
jería y joyería con cierto lujo, y dedicar- 
me puesto que mi fortuna me lo permite, 
a perfeccionar el despertador de mi in- 
vención, para lanzarle al mercado... Me 
faltaban unos pequeños detalles. 
¿Pero tú has inventado un despertador? 
¡Una cosa de asombro! Con este reloj mío 
ya se puede tener el sueño to<do lo pesado 
que se quiera: incluso ser sordo. 
Será muy complicado. 
Sencillísimo: el huevo de Colón. 
¿Sonará, como en todos, la campana? 
Suena la campana y al mismo tiempo, de 
debajo del timbre salen unas espirales en 
forma de tenazas que se van alargando 
hasta cogerte las narices, las orejas, y te 



^ 11 — 



Fidel 
Benigno 

Fidel 



Benigno 
Fidel 

Benigno 
Fidel 

Benigno 
Fidel 



Benigno 
Fidel 



Benigno 
Fidel 

Benigno 



río; pero de la sonrisa no he pasado ni 
pasaré. 

Pero, hombre, si eso, como vulgarmente 
se dice, es pan comido. 
¿Pan comido? Fidel, mira lo que dices, 
porque si eso es verdad, en cuanto la vea 
no la dejo ni la miga. 
Pues en el "Desmadejen-Palas" la tienes 
toas las noches de tanguista oficial. ¡ Digo ! 
qué más quisiera ella que un hombre 
como tú, establecido, con dinerito en el 
Banco... En cuanto le dijeras dos palabras 
se agarraba a tu brazo, y ríete de la sol- 
dadura autógena. 

(Llevándose la mano al corazón.) Fidel, 
mira lo que hablas, que tengo la péndola 
cardíaca que es un ventilador. 
Te estoy diciendo un versículo del Evan- 
gelio, y si quieres convencerte, acompá- 
ñame esta noche al "Desmadejen-Palas" 
y la verás. 

Pero, qué voy a hacer yo en el "Desma- 
dejen" ese, si no sé bailar. 
Cenar con ella; divertirte, supertanguear 
en una palabra. ¿Qué, te decides? 
¡Qué sé yo!... Déjame pensarlo un poco... 
Pues mientras lo piensas, voy a subir a 
casa por si hay alguna alumna nueva; y 
eso que esto de las varietés está en la 
pendiente. Claro, hoy la coupletista tiene 
tres grandes impedimentos: la música, el 
decorado, y la madre. La música es lo que 
se toca, el decorado es lo que se cuelga... 
Y la madre lo que se debía colgar. 
Lo has acertado. Con que, vuelvo en se- 
guida; y piénsalo, Benigno... tú necesitas 
animarte, divertirte... ¡Tú no sabes lo que 
es una noche de cabaret! 
Divertida, ¿verdad? 

(Haciendo mutis.) El alcaloide de la ale- 
gría. Hasta en seguida. 
Adiós. 



2 



— 18 - 



(Queda solo, y hay un momento de pau- 

.sa, en que está como pensativo.) 

No, en el fondo Fidel tiene algo de ra- 
zón; y este miedo mío al ridículo... No 
soy tan viejo... y si no soy un Adonis, 
tampoco soy un adefesio... Otros más 
viejos y más feos... Nada, que sí, voy al 
"Desmadejen-Palas". Yo no digo que 
vaya todos los días, pero una vez ai mes... 
bueno, quien dice al mes, dice a la sema- 
na, o un día sí y otro no... otro no... otro 
no sé lo qué haría, pero yo, si es verdad 
que va Rosarito y si es verdad que puedo 
cenar con ella, voy a descorchar una de 
botellas de Mondáriz, que acabo con el 
manantial; las juergas, correrlas o no co- 
rrerlas. 

(Por la izquierda, entra ROSARITO, jo- 
ven, guapa.) 



Rosario 
B ; nigno 

Rosario 
Banigno 



Rosario 



Benigno 

Rosario 
Benigno 



Rosario 
Benigno 



(Entrando.) Buenas tardes. 

(Como si se le cayese la casa encima.) 

¡Ella! 

¿Está usted muy ocupao, vecino? 
(Reponiéndose.) Yo siempre tengo que 
hacer, pero para usted como si no lo tu- 
viera. 

¡Ay, muchas gracias! Es qué vengo con 
una pejiguera... pero ya sabía yo que 
aquí, venga con lo que venga, se me re- 
cibe bien. 

Aquí viene usted con el tifus y no mo- 
lesta. 

(Mirándole cariñosamente.) ¿De veras? 
(Un poco turbado.) Rosario, hágame us- 
ted el favor de mirar a otro lado, se lo 
suplico. 
¿Por qué? 

Porque soy propenso a las erupciones, y 
como roe siga usted clavando los ojos, 



mañana amanecen con erisipela hasta los 
despertadores. 

Rosario (Riendo.) ¡Ay, qué gracia! 

Benigno (Decidiéndose.) Para gracia y para... (Le 
i alta, valor y varía) ¿para qué ha dicho 
usted que venía? 

Rosario Pues para que me vea usted eso. 

(Estirando el brazo, en cuya muñeca lle- 
va un reloj de pulsera.) 

Benigno (Fijándose en el brazo.) Yo no soy es- 
cultor; yo soy un modesto relojero. 

Rosario Pues por eso, precisamente ; porque no sé 
qué le ha pasado al reloj, que no anda. 

Benigno (Cogiéndole la mano.) A mí me colocan 
aquí y no hay quién me mueva tampoco. 

Rosario (Extrañada, pero amable.) \ Jesús, vecino; 

está usted como nunca de chirigotero! 

Benigno Sí que lo estoy y lo siento; pero desde 
hace poco, no sé qué me ha pasado, como 
si una alegría muy grande se me hubiera 
metido en el pecho... bueno, vamos a lo 
importante; ¿qué le pasa al reloj? 

Rosario Pues que atrasa que es una barbaridad. 

Benigno (Fijándose.) ¿Atrasa y marca las seis? 

Rosario Es que esas seis, son las seis de la ma- 
ñana. 

Benigno ¿Hora oficial? 

Rosario Hora en que suelo retirarme a casa. 

Benigno A ver, a ver. (Se lo quita, le levanta la 
tapa, lo obstrva, lo mira con el lente, y le 
dice:) ¿Dónde ha adquirido usted esta 
alhaja? 

Rosario En Suiza. 

Benigno Pues esto más que un reloj suizo, es una 
patata holandesa; una mujer como usted, 
no debe llevar éste cacharro, y si usted 
me lo permitiese, yo le regalaría un reloj, 
que es la última palabra de lo chic y de 
lo fijo. 

Rosario ¿A mí? ¿Pero, por qué? 
Beinigno Pues, porque... (Titubeando) porque me 
es usted muy simpática, y a mí cuando 



^ 20 — 



Rosario 
Benigno 



Rosario 
Benigno 



Rosario 
Benigno 



una persona me es simpática, no digo urt 
reloj de pulsera, un reloj de torre me pa- 
rece poco. 

¡Por Dios, don Benigno! 
Lo que usted oye, y si no quiere usted 
amargar ésta alegría que hoy siento, acép- 
telo Rosario. 

Pero comprenda usted que... 
Nada, nada, precisamente los recibí aye: 
y ni siquiera los he expuesto al público; 
los tengo ahí dentro: es cuestión de mi- 
nutos. (Medio mutis.) ¡Ah! ¿en qué tono 
le gusta la cinta: topo fuerte o lila 
claro ? 
Lila no. 

Entonces, topo fuerte. 



(Hace mutis por la derecha; por la iz- 
quierda, entra GALA, característica, vis- 
te de señora, pero con un gusto deplora- 
ble y le sienta el sombrero, como si se 
lo hubiesen tirado desde un balcón: sus 
modales y lenguaje serán algo ordinario, 
pero p/n exagerar la nota.) 

Gala (Al entrar le pregunta con gran interés.) 

¿Qué? ¿Ha resultao la combinación? 
Rosario Ha resultao que el reloj es una patata, y 

se ha empeñado en que acepte uno que 

me quiere regalar, que dice que es una 

monada. 

Gala (Jaleándose.) ¡Ya está! ¡Ya está! 

Rosario ¿Pero, qué es lo que está, tía? 
Gala ¡La combinación! ¡Es mucha cabeza la 

mía! ¡Las cosas que a nr se me ocurren! 
Y si no fuera por el sombrero, se me ocu- 
rrirían más; pero éste demonio de chapi- 
ri, idea que me bulle, idea que me la aho- 
ga. Desde anteayer que lo vengo maqui- 
nando. El Sr. Benigno ha heredado una de 
miles de duros que aporrea. El Sr. Benig- 
no, tocante a mujeres, está en lo que yo 



21 



llamo el período de la alondra, con jugar 
los ojos como espejuelos se pone a tiro; 
al señor Benigno le agrada mi sobrina, 
pues pa qué más: a ése le vas tú a dar el 
escopetazo, pero en seguida. 

Rosario (Con dignidad.) ¿Yo? 

Gala Sí, tú; ¿es que quieres que venga una 

cualquiera y se lleve la pasta? ¡Vamos 
hombre, no tendría yo perdón de Dios! 
Aquí si hay cantidades destinadas a deva- 
neo, que si no las hay, las habrá, esas las 
disfrutas tú, como me llamo Gala Villare- 
jo y llevo seis años siendo para tí una ma- 
dre, a pesar «de no ser más que una tía por 
parte de padre. 

Rosario ¿Está usted loca? ¿Cómo voy yo?... 

Gala Y dale con los remilgos. Yo no sé a quién 

has salió; a tu madre, desde luego que 
no, porque la pobrecita, ¡Dios la tenga 
sentá a su lao!, donde había un duro, diez 
y ocho reales eran para ella, y de tu pa- 
dre no hablemos; dos años antes de nacer 
tú, se fué a San Fernando Pó, con una 
representación de boinas y a los dos me- 
ses tó el que llegaba creía que entraba 
en San Sebastián en vez de estar en San 
Fernando: iban los negros que parecían 
pelotaris. 

Rosario Tó eso está muy bien, pero ya compren- 
derá usted, que no me voy a dedicar ahora 
a saquear a éste pobre hombre. Más se 
lo merecen otros y no lo hago; esos que 
se acercan a mí y que ya comprende usted 
lo que persiguen con sus halagos. 

Gala ¡Claro que lo comprendo!, pero la culpa 

será de ellos que se hacen ilusiones. 

Rosario Se las hacen porque se las pueden hacer, 
tía Gala. Tiene usted que desengañarse, en 
el ambiente en que yo vivo por no arros- 
trar la miseria de un jornal y la esclavi- 
tud de un taller, la decencia es un estor- 
bo; es más, ni siquiera' creen en ella. 



— 22 — 



Gala Bueno, tiés unas ideas que te las oye un 

escritor y hace un drama clásico que tum- 
ba. Hoy hay que vivir más a la moder- 
na: señoritas, mú señoritas, lo que se 
dice señoritas, van al Palas y al Richi y 
se tronchan bailando charle stones y tan- 
gos y "acetando fives cloteas" de los ca- 
balleros. Y no se les cae ná por eso. 
Sobre este particular, es inútil discutir 
con usted. 

Es inútil, porque eres muy tuya y no 
"acetas" los consejos buenos que te se 
dan. 

¿Buenos? 

Buenísimos; ya me libraría yo de dárte- 
los con otra intención; aquí no hay más 
que un flirteo reproductivo con un hom- 
bre serio, que no debes perder. 
Agradezco el consejo, pero pierde usted 
el tiempo. 

En cambio, flirteas con Paco el joyero, 
un gachó que no te ha regalao ni un im- 
perdible; ahora que como te gusta... 
Pues está usted equivocá; a mí Paco no 
me dá ni calor ni frío; me gusta bailar 
con él, porque baila bien, y como me pa- 
gan para eso...- 

Es porque te castiga, como ahora han dao 
en decir. ¡Mi madre, y qué cosas trae el 
modernismo! Vamos, es que oigo decir 
"ese pollo está castigando a esa", y me 
dan ganas de cacarearle. Ahora que a mí 
Paco no me chafa la combina, porque pri- 
mero es tu porvenir, y tu porvenir está 
aquí. Y hoy es el reloj, pero mañana pué 
que sea una Landolete de veinte caballos, 
que otras valiendo menos que tú la tic:i::i. 
Rosario Si yo fuese otra clase de mujer, quizá... 
Gala Pero es que tó se ha de echar por lo 

malo... 

Rosario ¡Chist! Cállese usted, que sale. 



Rosario 
Gala 

Rosario 
Gala 

Rosario 
Gala 

Rosario 
Gala 



- 23 



(Por la derecha, sale BENIGNO, con un 
relojito de pulsera.) 



Benigno Aquí tiene usted: oro de 18, forma rom- 
boide, cinta topo... ¡el último grito en 
relojes de pulsera! 

Rosario ¿Pero es que se empeña usted...? 

Gala Pues claro; y no es cosa que se lo des- 

precies, encima que te da el último grito. 

Rosario (Resignada.) Bueno; sea. 

Benigno ¿Me permité usted que se lo coloque? 

Gala i Claro que sí! Alárgale la muñeca. 

(Rosario se la alarga, y Benigno le colo- 
ca el reloj.) 

Benigno ¡ A jajá ! 

Rosario Muchísimas gracias. 

Benigno De ellas tiene usted un tanque blindado. 

Gala (Riendo.) Ja, ja... ¡Ay qué hombre éste! 

Piropea con una novedad... 

B jüigno (Muy modesto.) Ustedes que me inspiran, 
porque yo apenas si sé... 

Gala Ni falta que le hace, porque para decir lo 

que dicen los pollos de hoy... ¡ Uf, qué 
asco de juventud! Esta (por Rosario) en 
eso tié un sentido que Dios se lo con- 
serve. No le gustan los pollos más que 
con berros. 

Rosario ¡Por Dios, tía! 

Gala Le gustan más los hombres ya hechos, así 

como usted, por ejemplo, porque usted 
está ahora en lo mejor de su vida. 

Benigno Por lo menos en este instante sí que lo 
estoy. 

Resalió Bueno, tía; vamos que tenemos que com- 
prar el cesto ese que tengo que sacar en 
el couplet que me está haciendo don Fidel. 

Benigno ¡Ah, pero se va a dedicar a...! 

Gala ¡ Qué quiere usted! De tanguista no se 

gana ni para zapatos. 

Benigno ¿Y tiene usted que sacar un cesto? 

Gala Es el defecto del repertorio de ese hom- 



-24 — 



bre. Tóos sus números tién impedimento 
como yo digo. 

Rosario A una amiga mía le hizo un couplet que 
se titulaba "Las cosas del mundo"... 

Gala Y tenía que salir a cantarlo con un baúl. 

Benigno (Riendo.) Y un mozo de cuerda. 

Rosario Casi, ¡casi. (Saludando.) Con que, amigo 
Benigno, le repito a usted las gracias... 

Gala Y a ver cuándo sube a hacernos una visi- 

ta, que será muy bien recibido. 

Benigno Ya veremos. Como ustedes casi nunca 
están en casa... 

Gala Si es verdad... pero a las seis de la ma- 

ñana nos coge usted de fijo. 

Rosario ¡A esa hora, tía! 

Gala Es la hora que volvemos del "Desma- 

dejen". 

Benigno Qué sé yo... Puede que una noche de es^s 
que me quedo aquí velando... 

Gala Sí, hombre, sí; suba usted. 

Rosario (Haciendo mutis.) Adiós... 

Gala (Hace medio mutis y le dice:) Suba us- 

ted, que se lo agradecerá mucho Rosa- 
rito... ¡La pobre está tan falta de un ca- 
riño!... y usted le iría muy bien, porque 
tié usted toas las de la ley. 

Benigno Señora Gala, que está usted logrando que 
se me haga la beca agua de Apolinaris. 

Gala Haga todo lo que pueda, por ella, que se lo 

merece; es más inocente que un flan chi- 
no, y como guapa... 

Benigno Sí que lo es. 

Gala En lo de guapa ha salió a su madre, y en 

lo del flan a mí. (Mutis.) 

Benigno (Solo.) Benigno... Benigno, ¿qué es lo 
que te pasa? ¿Qué alborozo es éste que 
quiere hacer de tu vida una nueva vid' ? 
¿Qué pandereta es ésta que suena en tas 
oídos con una alegría que nunca sentis- 
te?... Y esa vida y esa alegría, ¿no lle- 
garán tarde? 



— 25 — 



Fidel (Ha entrado un momento antes por la iz- 

quierda.) ¿Pero, qué soliloquio es ese? 

Benigno ¡Ay, Fidel, penetra, penetra y aspira! 

Fidel (Avanzando.) ¿Qué aspire? 

Benigno Sí, ¿no notas una estela de "quelque 
Aeres' ? 

Fidel Un olor sí que me parece que noto, pero 

no creo que sea "quelque". 

Benigno Es "quelque; es "quelque", y es de Rosa- 
rito. 

Fidel ¿Ah, pero ha estado aquí? 

Benigno (Sin poder dominar su alegría.) Aquí. 

Fidel (Conociéndoselo.) ¡Ay, ay, ay!, que me 

parece a mí que la vecina te ha lastimao 
a tí el lao izquierdo... ¿A que te ha cla- 
vao Cupido una de sus aceradas flechas? 

Benigno. A mí, querido Fidel, háblame de relojes; 

pero no me hables de Cupido... Yo no 
conozco a ese niño, ni quiero que me lo 
presenten... Ahora que sí, te lo confieso... 
Estoy fuera de mí; me he salido de mi 
régimen, ¿comprendes?; me parece que 
adelanto, y si sigo así me van a tener que 
observar y quizá componer. 

Fidel Comprendo; esta visita de Rosarito te ha 

estropeado la cuerda. 

Benigno Por lo ■ menos me ha echado un nudo en 
ella. 

Fidel ¿Y dices que se ha ido ahora mismo? 

Benigno No sé cómo no te la has encontrado... 

Benigno Pues sí que lo siento, porque quería de- 
cirle una cosa referente a un couplet que 
le he hecho. 

Benigno Un couplet en el que tiene que sacar una 
cesta, lo sé. 

Fidel Y que me ha salido que lo van a cantar 

hasta en el Colegio de Sordomudos. Es 
una vendedora valenciana, y sale con una 
cesta llena de naranjas, y se las va tiran- 
do al público al mismo tiempo que canta 
el refrán que dice; 



— 26 — 



Tiene razón Borrajo, 
aquí como en la Granja, 
el mayor agasajo 
es un gajo, es un gajo... 
Benigno (Acabando.) Un gajo de naranja. 
Fidel Eso es: ¿qué te parece? 

Benigno De un éxito enorme para los fruteros. Por 
lo que he oído en todos tus couplets, ti- 
ran algo. 

Fidel En todos; es un truco que no me falla: la 

única vez que hice uno en que la artista 
no le tiraba nada al público, fué el públi- 
co el que se lo tiró a ella; por eso yo, 
cuando no son naranjas, son manzanas o 
uvas o nísperos... 

Pues en cuanto logres que unas cuantas 
estrellas lleven tu repertorio, le solucio- 
nas a los espectadores el problema del 
postre. 

Pues no te digo na, cuando me dé por las 
prendas «de vestir... (Fijándose en la iz- 
quierda.) Pero, calla, aquella que viene 
hacia aquí, es Mercedes la Alegre. 
(Mirando.) ¿Te refieres a esa jovencita...? 
Esa que pasa ahora por delante de la pa- 
nadería. 
Muy mona. 

Monísima; y seguramente vendrá a casa; 
es también tanguista del "Desmadejen", 
pero está ensayando para dedicarse al 
couplet. Por cierto, que le he hecho uno 
que tiene que repartir por el público dé- 
cimo» de Lotería. 
Benigno Pues te conviene que debute a fin de este 
mes, que es de tres pesetas... Sí, porque 
en el sorteo de Navidad no vas a encon- 
trar quien te lo cante. 
Fidel (Que no ha apartado la vista de la iz- 

quierda.) Como me lo suponía, a casa..^ 
Oye, ¿quieres que te la presente? 



Benigno 



Fidel 



Benigno 
Fidel 

Benigno 
Fidel 



Benigno ¿Es asequible? 

Fidel Es un manojo de nervios, pero más sala- 

da... Ahora verás. (Se dirige a la puertp 
y llama) jChist! Mercedes. No subas que 
no estoy... Ven aquí, que voy a presen- 
tarte a un amigo. 

Benigno Oye, ¿te parece que descorche una de So- 
lares? 

Fidel ¿De Solares? Si fuese de Solera... Ya está 

aquí. 



(En la puerta de /¿ izquierda, aparece la 
ñgura de MERCEDES. Es una chica 
guapa, pizpireta y muy nerviosa, hasta el 
extremo de que de cuando en cuando, al 
hablar, guiña un ojo y hace un mohín con 
los labios como si fuese a dar un beso.) 



Mercedes (Desde la puerta.) ¿Se puede? 

Fidel Pasa, pasa, mona. 

Mercedes Oiga, maestro, eso de mona... 

Benigno (En galante.) Eso de mona no lo ha dicho 
en el sentido de las que trepan, sino en el 
de las que gustan. 

Mercedes Siendo así... pero es que este maestro es 
de lo más chunguero que aporrea teclas, 
y no dice una cosa que no sea con inten- 
ción, ¿sabe usted? (Hace el gesto.) 

Benigno (Aparte y poniéndose también nervioso.) 

¡ Caray, qué cosas hace con los ojos y con 
la boca! 

Fidel Pues esta vez ha sido en serio, y te he 

llamado, porque tengo interés en presen- 
tarte a Doce. 

Mercedes ¡Nada menos! 

Benigno Doce soy yo, señorita. 

Mercedes ¿Usted solo? (Repite el mohín.) 

Benigno (Imitándola.) Solo... solo de apellido; y 
usted perdone, que no es que le haga bur- 



— 28 — 



la, es que padezco una debilidad nerviosa 
que todo lo que veo... 

Mercedes (Exagerando el mohín.) ¡Ay qué gracia! 

Benigno (Haciéndolo también.) Muy gracioso. 

Fidel El señor, que es el propietario de esta re- 

lojería, es un íntimo amigo mío. — 

Benigno Para servir a usted. 

Mercedes Muchísimas gracias. 

Benigno Ya me ha dicho Fidel que va usted a ser 
artista. 

Mercedes Sí, señor, es mi sueño: dejar de figurar 
en el cuadro del súper... 

Benigno Usted figurará siempre como súper, há- 
llese dónde se halle. 

Mercedes (Riendo y haciendo al mismo tiempo el 
mohín.) ¡Huy qué salao! 

Benigno (Haciendo lo mismo.) Una mijita salobre. 

Fidel ¿Pero es que os estáis haciendo la com- 

petencia? 

Benigno Esta maldita debilidad mía. Que me he 
contagiado, y voy a acabar timándome 
hasta con los relojes de pared. 

Mercedes Ah, pues si yo lo llego a saber, no entro, 
porque como está para cambiar el tiempo, 
me pongo imposible. En cambio, cuando 
está despejado apenas se me nota. 

Fidel Esta lleva en la cara el Zaragozano. 

Mercedes Entonces esta tarde no me da usted el re- 
paso, ¿verdad? 

Fidel No, esta tarde tengo mucho qué hacer; 

pero mañana ganaremos lo perdido. 

Mercedes Es que ya sabe usted que quiero debutar 
cuanto antes. 

Benigno ¿Es algún cuplé de esos tuyos en que hay 

que tirar algo. 
Fidel No. Este es un cuplé de los que yo llamo 

pasionales. 

Mercedes Es que yo quiero salir segura. 

Fidel Pero si es el que mejor te sabes, y si no 

tararéaselo aquí a Benigno. 

Benigno Sí, hombre, me agradaría. ¿Y cómo lo ti- 
tulas? 



Fidel 



£ues lo titulo: "|No me hagas sufrir, Ni- 

céforo!" 



MUSICA 



Mercedes Estoy chalá por Nicéforo, 

que es estudiante de Física 

y me está dejando el picaro 

pálida, hética, tísica. 
Con tus desprecios me tienes escuchimizá» 
ni bebo, ni como y no duermo casi ná. 
Me angustio, me mustio, 
y ni mi madre me conoce ya. 

Le sorprendí con la Cándida, 

que es una chica de Ubeda, 

una tarde, que era lóbrega, 

lúgubre, tétrica, húmeda. 
¿Por qué me olvidas? — le dije yo con humildad, 
y como respuesta, me arreó una bofetá. 

¡Dios mío! ¡Qué tío! 
¿Por qué ese cafre me tendrá chalá? 

(Bailan unos compases de java.) 
HABLADO 



Fidel ¿Ves cómo te lo sabes? Anda, esta noche 

en el "Desmadejen" combinaremos la 
hora. 

Mercedes ¿No faltará usted? 

Fidel No puedo faltar, porque voy a llevar aquí, 

a mi amigo. (Por Benigno.) 

Mercedes Ah; ¿pero va usted a ir? 

Benigno ¡Qué sé yoí... Este se ha empeñado en 
que me asome por allí... Quizá me decida. 

Mercedes (Dándole la mano.) Pues entonces hasta 
la noche, que tendré mucho gusto en bai- 
lar con usted. (Le hace el mohín.) 

Benigno; (Imitándola.) No, yo no bailo. 



— 30 — 



Mercedes Pues en beber una copa de Champagne. 
Benigno Yo no bebo. 

Mercedes (Haciendo el mohín.) Entonces, ¿qué ha- 
ce usted? 

Benigno (Haciendo el mohín.) Lo mismo que us- 
ted. 

Fidel (Nervioso.) Mira, vete, que me estáis 

poniendo a mí nervioso. 

Mercedes (Haciendo mutis.) Buenas tardes. 

Benigno (Paseándose y haciendo mohines.) ¡Mi 
madre, cómo me ha puesto la supertan- 
guist'a esa! Es que no me puedo contener. 

Fidel ¡Dichosa debilidad! ¿Oye, y te tarda mu- 

cho en pasar? 

Benigno (Haciendo de cuando en cuando los mohi- 
nes,) Según me coge. El lunes vino a ver- 
me mi primo que tosiendo es un as... 
-f Mohín.) 

Fidel ¿Tose bien? 

Benigno Es un asmático; bueno, pues le cogí latos 
de un modo, que por poco me llevan a 
Valdelatas. 

(Por la puerta de la izquierda, entra don 
VALERIANO, seguido de DESEADA.) 

Valeriano (Entrando.) Buenas tardes. 
Benigno Muy buenas. 
Valeriano ¿El maestro relojero? 
Benigno Servidor de usted. 

Valeriano Pues a lo que vengo. Yo poseo un reloj 
de cuco, que es un legado de familia. Lle- 
va más de setenta años en casa y marcha 
bien; pero el cuco no sale. 

Benigno A los setenta años no le extrañe a usted 
que no salga. 

Deseada (Riendo.) ¡Ay que gracia! 

Benigno (Haciendo el mohín.) ¿Le hace a usted 
gracia, verdad? 

Valeriano (Que ha notado el mohín.) ¡Eh! ¿Pero 
qué es eso? ¡Poder de Dios!... ¿Se está 
usted timando con mi niña? 



Fidel (Aparte a Benigno.) Benigno, contente, 

que te juegas la vida. 

Benigno (Cada vez más nervioso y ya sin poder 
contener el mohín.) Le diré a usted, ca- 
ballero... yo a esta señorita... (Le hace 
el mohín.) 

Valeriano (Indignado.) ¡Y por lo visto insiste! 

Benigno Es que no lo puedo remediar. 

Valeriano ¿Ah, sí? Pues el que se permite esas li- 
bertades con mi hija ¿sabe usted lo que 
le cuesta? 

Fidel (Viendo el tono agresivo de don Vale- 

riano.) Caballero, que no es eso. 

Benigno Caballero, que es una debilidad. 

Valeriano Pues esta, es otra mía. (Le da una bofe- 
tada.) 

Benigno (Cayendo en brazos de Fidel.) ¡Mi madre! 
Deseada (Sujetando a Valeriano.) ¡Papá, por Dios! 
Quejido (Entrando.) ¡Anda, la fiera del cuco! 
Esperanza (Saliendo.) ¿Pero qué sucede? 
Benigno Esta maldita debilidad mía... 
Valeriano Pues esa debilidad, se la quito yo. 
Esperanza ¿ Usted ? 

Fidel Claro que se la quita, ¡a fuerza de chu- 

letas!... 



TELON 




ACTO SEGUNDO 



Decoración: "El Desmadejen-Palas". En el foro, 
desde la derecha del público, a poco más de la mitad, 
un tablado, no muy alto y sobre él un piano, atriles, 
sillas y un jaz-band. Por la parte que queda abierta a 
la izquierda del foro, se vé la sala de baile. Desde el 
foro a la concha, es otra salita con mesitas para co- 
mer. En la izquierda del público, habrá una en primer 
término, y otra, en segundo: en la derecha, tres. Prime- 
ra derecha, figura que es la entrada a la sala. Adornos 
sencillos. Lámpara en el centro y los demás a gusto 
del Director. 

(Al levantarse el telón, los músicos colo- 
cados en el tablado del foro, tocan de ver- 
dad, un fox-trot; se ven las parejas, bai- 
lando en la parte izquierda. En la mesita 
primera de la izquierda, está sentada 
DOÑA GALA, cenando. CRISTINO, ca- 
marero, de pie al lado.) 

(Aprovechando uno de los momentos en 
que la orquesta toque el piano.) Oye tú, 
Cristino, ¿me quiés decir qué pasa que 
cada día dáis el solomillo más escaso? 
El amo, que dice que es lo elegante. 
Pues le dices al amo, que conmigo sé deje 



Gala 



Cristino 
Gala 



3 



— 34 — 



de etiquetas, y que me trate a la patala- 
llana, porque hay que ver qué carnecita. 
Cristino Es solomillo. 

Gala No, si yo no me quejo de la calidad; yo 

me quejo de la cantidad. 
Cristino Un poco corta es la raición, pero ya sabe 

usted que de noche no se debe cargar el 

estómago. 

Gala ¡Ay, qué rico! Lo que no se debe cargar 

por la noche son baúles; pero el estóma- 
go... a ver si te crees que es el meridia- 
no de "Grenviche" : y sobre tó, que yo me 
nutro a estas horas y con esto más que 
nutrirme, lo que hago es anemiarme. 

Cristino Bueno, ya se lo diré al dueño. ¿Qué le trai- 
go de postre? ¿Queso, fruta o dulces? 

Gala No, de postre me vas a traer un poquito 

jamón serrano y un bocadillo de esos que 
«dais a última hora, a las chicas, que tién 
foagrás y no sé qué más. 

Cristino Foagrás y una guarnición de fiambre. 

Gala Eso; pero procura que te pongan una 

guarnición como para Barcelona, ¿sabes? 

Cristino Descuide usted. (Hace mutis por el foro 
derecha. Ha terminado el sexteto; /os* 
músicos descienden del tabladillo y hacen 
mutis, por el foro derecha también; po* 
la parte que dá al salón de baile, o sea 
foro izquierda, hacen salida ROSARITO, 
con PACO, MERCEDES con TRIN- 
CHERILLA, NATI con el NIÑO DE 
LA RAYA y las otras parejas que ocupa- 
rán las mesitas.) 

Paco (A Rosario.) Bueno, nena, supongo que 

eso que me has dicho, de que esta noche 
tienes que alternar con un relojero, será 
una ilusión. 

Rosario Es un compromiso. 

Paco (Con ironía.) ¿Tuyo o de tu tía? 

Rosario Mira, Paco, ya te he dicho cómo ha sido, 



— . 35 — 



y lo que ha pasado. Yo con ese hombre no 
tengo ningún interés, porque no quiero 
tenerlo; pero le he dado mi palabra, y si 
viene, que lo dudo, no tengo más remedio 
que alternar con él, aunque no sea más 
que un rato. 

Paco Pero un rato muy corto, ¿verdad? 

Rosario Si yo no pensase como pienso, sería tó lo 
largo que me diese la gana, porque des- 
pués de todo ¿qué derecho tienes tú para 
impedírmelo? ¿Que me bailas? ¿Y qué? 
Esa es mi obligación, bailar con todo el 
que me saque. ¿ Qué me convidas algunas 
veces? Yo no te pido nada. 

Paco A tí te ha llenao de humo la cabeza tu 

tía, y... 

Rosario Pero no comprendes que... (Figuran que 
siguen hablando,) 

Trinch. (A Mercedes.) ¿De modo que para el 

mes que viene el debut? 
Mercedes En cuanto domine los cuplés que me 

están haciendo nuevos, me ha prometido 

Campúa que me saca en Maravillas o en 

Romea. 

Trinch. Pues esa noche te prometo ir con mis 
amigos y te vamos a hacer un sucés bes- 
tial. Tomaremos dos o tres palcos: ya 
sabes que yo arrastro a Polito Ramírez, 
a Luisito Barajas, a Perico Balmaseda... 
gente jamón; y al final para celebrar el 
triunfo te llevaremos a casa de Camorra 
en el 40 caballos de Pepito Espinosa, que 
se sube las Perdices como si las subiera 
en ascensor; ¡qué coche más bestial! ¡Es 
jamón! (Figuran que siguen hablando.) 

Mercedes (Al Niño de la Raya.) Yo te digo lo que 
me ha dicho el encargao; que bueno que 
alterne contigo, pero sin desatender a la 
parroquia, porque al primer desaire que 
le haga a una, me planta en la calle. 

Niño ¿Y qué, que te plante? ¡Cómo si no hu- 

biese más cabarets que éste! 



— 36 — 



Mercedes Cabarets hay varios, pero tanguistas hay 
muchas... Ahora, si tú estás dispuesto a 
darme los dos dures todas las noches... 

Niño Yo no te los doy porque soy un caballe- 

ro, y antes de ofenderte me cortaría la 
mano; pero no consiento que nadie te 
avasalle, y como me llaman el Niño de 
la Raya, que este encargao se va a acor- 
dar de mí. 

Mercedes Ya hárás tú algo para que me planten en 
la calle. 

Niño Bueno, vamos a dejar esto y alza que va 

a empezar la orquesta. (Efectivamente, 
los músicos han salido y preparan los 
instrumentos. Todas las parejas se levan- 
tan y se dirigen al foro izquierda.) 

Gala (Desde su asiento.) Tú, Rosario... 

Rosario ( Casi desde el foro.) ¿ Qué quiere usted, 
tía? 

Gala Q ue abras los ojos ; que ya no pué tardar en 

venir quien tú sabes. 
Paco Y yo también lo sé. 

Gala ( Con ironía.) ¡ Ah, sí ! Pues mira, así no te 

cogerá de sorpresa. 

Paco (A Rosario.) Vamos. (Mutis foro iz- 

quierda.) 

Gala Este Paco se ha figurao que porque algu- 

na noche me paga un tente en pie voy a 
descuidar yo el porvenir de mi sobrina, 
y lo que es eso... Me saca un abono en 
"Turnié" y no lo descuido... (Mirando 
primera derecha.) ¡Pero calla! Me parece 
que esos que están ahí en el guardarropa 
son ellos... Sí, el maestro Fidel y Don 
Benigno. (A Cristino.) Oye, Cristino, re- 
tira tó esto en seguida, (Por el mantel y 
los platos), que viene ahí un amigo ínti- 
mo y no quiero que note que he cenao 
porque estoy segura que me convidará él. 

Cristino ¿Y va usted a cenar otra vez? 

Gala ¿Cómo otra vez? ¿Pero es que yo he 

cenao? 



Crístino Yo, con la mitad de lo que ha comió usté, 
tenía que tomar bicarbonato. 

Gala Pues hijo, eres que ni pintao pa una casa 

de^huéspedes. Anda, aviva que viene. 

(Crístino recoge el servicio y hace mutis. 
La orquesta rompe a tocar. Por la prime- 
ra derecha, entran en escena FIDEL y 
BENIGNO. Este último todo lo mirará 
extrañado, pero sonriente. De pronto, los 
músicos lanzarán esos gritos de costum- 
bre y Benigno, asustado sale corriendo 
por la derecha y Fidel detrás de él. Mo- 
mentos después, lo saca casi arrastras. 

Fidel (Tirando de él,) Si no es contigo, hombre. 

Si es una moda que han sacao para animar 

lo que tocan. 
Benigno Pues podían advertirlo al entrar. 
Gala (Acercándose.) ¿Pero qué le ha pasao a 

usted, ami^o Benigno? 
Fidel No, nada... (Aparte a Benigno.) Disimula, 

hombre. 

Gala Creí que se había usted asustao de los gri- 

tos decesos. 
Benigno (Disimulando.) ¿Quién? ¿Yo? 
Fidel ¿Este asustarse? 



Fidel 

Benigno 

Gala 



Fidel 



(En este momento vuelven a dar otros 
tres gritos a compás, y Benigno, instinti- 
vamente, hace un movimiento como para 
irse, pero, Fidel le abraza, conteniéndole, 
y los dos se ríen; Benigno un poco forza- 
da la risa.) 

¡Es gracioso!, ¿verdad? 
¡Graciosísimo ! 

Pues a mí, esos gritos me levantan el es- 
tómago; gracias a que no he cenao, que si 
no... 

Ahora cenaremos en amor y compañía, 
¿verdad? 



— 38 — 



Benigno Lo que ustedes quieran; yo he venido aquí 

a divertirme. 
Fidel Pues te vas a divertir en grande. 

Benigno Bueno, pero ¿y Rosarito? 
Gala Bailando, pero no crea usted que por su 

gusto. 

Benigno Sí, ya comprendo. 

Fidel Está contratada para esc... 

(La orquesta termina. Los músicos hacen 

mutis como la primera vez.) 

Fidel Mira, aquí viene con Amparito la Risue- 

ña. Nati la Aviadora, y otras dos que me 
parece que son nuevas. 

Gala Sí: esas las admitieron anoche, 



(Efectivamente, por la izquierda, salen 
ROSARIO, NATI, MERCEDES, LO LI- 
TA Y ANTOÑITA.) 

Rosario /Hola, amigo Benigno! ¿Cómo usted por 

aquí? 

Benigno ¡Le extraña!, ¿verdad? Pues nada, que 
me he decidido. 

Mercedes Pues ha tenido usted suerte en la elec- 
ción, porque esta noche hay eso que el 
amo llama "Cotillón M oo martruás". 

Benigno No, yo comer no voy a comer nada; pero 
ustedes pueden tomarlo. 

Fidel No, hombre; si el Monmartruás ese. es 

una especie de juerga parisina. 

Mercedes (Haciéndole los mohines.) Que regalan 
gorritos y globitos. 

Benigno Ya está la de los guiñitos. 

Mercedes No. no tenga usted miedo, que ha sentado 
el tiempo. 

Benigno Menos mal. 

Fidel Pues ya que te quedas con tan buena 

compañía, voy a ver z i han traído unas 
cosas que quiero que se pongan las chi- 



— 39 



Gala 
Fidel 
Benigno 
Fidel 



Gala 

Rosario 

Gala 



Benigno 
Rosario 



Benigno 
Rosario 



Benigno 
Todas 
Benigno 
Amparito 

Julita 

Benigno 

Crist'no 

Benigno 

Nati 

Julita 

Antoñita 

Rosario 

Cristino 

Benigno 



cas, para que canten esta noche una cosa 
mía que ya verás, ¡ es un símbolo ! 
¿Es lo del jabón? 
Lo del jabón. 

(Riendo.) ¿Tirarás pastillas? 
Tú, ríete; pero ya verás cuando lo oi- 
gas.., Es de lo mejor que yo he hecho. 
(Mutis,) 

Bueno, yo también me voy. 
¿Dónde va usted, tía? 

No te asustes, que no me pierdo. (Al pú- 
blico.) Voy al tocador a darle más am- 
plitud al corsé, porque una de ríñones y 
otra de Gruyére con dulce de guindas, no 
hay quien me la quite. (Mutis foro de- 
recha.) 

Bueno; pero siéntense ustedes; digo, si 
las dejan sentarse. 

Ahora hay descanso. (Se sientan todas al- 
rededor de Benigno, en la primera mesita 
de la izquierda.) (A las demás.) Aquí el 
señor, es un vecino mío, muy buena per- 
sona. 

Muchas gracias. 

(Presentándolas.) Amparito la Risueña, 
Nati la Aviadora, Julita Carrasco y An- 
toñita la Mora. 

Muy simpáticas y muy guapas. 
Muchas gracias. 

Bueno, ¿pero por qué no toman algo? 

Sí, pediremos algo, porque si nos ve el 

encargado así en seco, luego, bronca. 

Pa ese tío no hay más que el negocio. 

(Dando palmadas.) Camarero. 

(Acercándose.) ¿Qué desean? 

Lo que ellas quieran. 

Yo, una copa de María Brisard. 

Y yo, también María. 

¡Y yo! 

María para todas. 

(A Benigno.) ¿Y usted? 

Manzanilla- 



— 40 — 



Cristino ¿De qué marca? 
Benigno De la Sierra. 
Cristino No sé si la habrá. 

Benigno O si no, tráeme una botella de agua de 
Vichy. ( Cristino hace mutis para volver 
con lo pedido.) 

Mercedes ¿Usted no ha venido nunca por aquí? 

Benigno Nunca; es la primera vez que piso un 
cabaret; ahora, que mi amigo Fidel me ha 
hablado con tanto elogio de esto y de lo 
mucho que se divierte uno aquí. 

Antoñita Y esta noche con el cotillón, más. 

Amparíto Seguramente. 

(Cristino ha salido con la bandeja y co- 
pas que coloca sobie la mesita, Por el fo- 
ro izquierda, aparece TRINCHERILLA .) 

Nati (Viéndolo.) ¡Anda, ya me está buscando 

ese! (Se bebe la copa.) Con permiso (De. 
ja la reunión y se une a Trincherilla.) 

Benigno ¿Ese por lo visto es el novio de ella? 

Amparíto Sí, es un pollo bien que la tiene mal, por- 
que de dinero anda algo escaso. 

Benigno Pues de pantalones anda que le sobran; 

se los debe planchar con una apisonadora. 

Julita Aquí le llaman Trincherilla. 

Nati (Llamando desde la mesa donde está.) 

Oye, Mora. 

Antoñita ¿Qué quieres? 

Nati Haz el favor. 

Antoñita (Bebiendo la copa.) Con permiso. (Se 

va donde está Nati.) 
Benigno Usted es muy dueña. 
Nati Y tú también, Julita, haz el favor. 

Antoñita Oye, Amparo. 

Julita (Bebiendo y marchándose con Antonii ) 

Amparíto Con permiso. 

Mercedes ¿Qué se traerán éstas entre manos? 

Rosario Algún lío de la Nati, que tiene una len- 
gua que es un hacha y a esa el mejor día 
le da un disgusto mi tía. 



(Por el foro izquierda, aparece PACO 
el joyero, y llegando cerca de Rosario le 
da en el hombro y le dice.) 



Paco Tú, haz el favor. 

Rosario ¿Qué quieres? 

Paco (Autoritario.) Que hagas el favor. 

Rosario (Levantándose.) Con permiso. 
Benigno (Con resignación y decaimiento.) Usted 
lo tiene. 



(Rosario y Paco se van por el foro iz- 
quierda discutiendo acaloradamente.) 

Mercedes ¿Le han dejado solo? 
Benigno Ya lo ve usted. 

Mercedes Pues sino le molesto, le haré compañía 

hasta que vuelva Fidel. 
Benigno ¿Molestarme? Al contrario y si quiere 

tomar algo de comer... 
Mercedes ¡Comer, imposible! 
Benigno ¿Padece usted del estómago? 
Mercedes Padezco de la obligación. Como una no 

tiene más remedio que corresponder con 

todo el mundo... he cenado ya tres veces. 
Benigno ¡Mi madre! 

Mercedes Figúrese que es lo que puedo tomar... 
Benigno ¡Cómo no sea una botella de Sáiz de 
Carlos!... 

Mercedes Ahora, que a todo se acostumbra una. 

Benigno Claro, y llegará una noche que come us- 
ted cinco veces y se quede con gana; pe- 
ro todo está compensado con la vida tan 
alegre que hacen ustedes. 

Mercedes (Con acento trágico.) No lo crea usted, 
caballero. 

Benigno ¡Cómo que no! Si no he oído mal a usted, 
la llaman Mercedes la Alegre. 

Mercedes Alegre exteriormente, porque no tengo 
más remedio, pero por dentro... (Casi so- 
llozando) por dentro... 



Benigno (Entristeciéndose.) Por Dios, señorita, 

no se apure usted, que yo... 



(Cruza por el foro de izquierda a dere- 
cha, DON UBALDO EL ENCARGADO. 
Viste de frac y pasa mirando y ñjándose 
en todo.) 



Mercedes 



Benigno 
Mercedes 
Benigno 
{Mercedesi 

Benigno 

Mercedes 

Benigno 

Mercedes 

Benigno 
Mercedes 

Benigno 
Mercedes 



Beinigno 

Mercedes 

Benigno 

Mercedes 



Benigno 



(Al verlo.) ¡El encargado!, por Dios, 
ríase usted. (Riendo ella.) ¡Ja, ja, ja! 
Pues claro que sí bailaremos y cena- 
remos. (Bajo, a él.) Ríase usted, o me 
pierde. 

¡Ah!, pero es que... 
Ríase usted. 
(Riendo.) ¡Ja, ja, ja! 

(Viendo que desaparece don Ubaldo.X 
Ya se ha ido. 

¿De modo que siempre que se presente 

ese señor hay que reírse? 

Siempre. 

Bueno es saberlo. . 

¿Comprende usté ahora mi amargura? 
Y luego como soy huérfana... 
¡Ah! ¿está usted sola en el mundo? 
Sola; mi padre, perteneció a la carrera 
judicial. 
¡Hola! 

Era ordenanza de la Audiencia, y cuando 
mi madre pidió la viudedad, se la nega- 
ron. 

¿ No estaban casados ? 

El sí, pero ella no. 
¡Qué contrariedad! ¿Pero, no tiene usted 
un hombre que la quiera? 
Lo tengo, pero más vale que no lo tuviese; 
habrá usted oído hablar de él; es el Niño 

de la Raya. 

¡Ah, sí! Fidel me parece que... (Recor- 
dando.) ¿El Niño de la Raya?... Creo que 
me ha dicho que es uno que se empieza 
a sacar la raya en la rabadilla. 



— 43 — 



Mercedes Esas son bromas de Fidel. Lo cierto es 
que en vez de ayudarme, se gasta lo que 
gano y si estoy amable con alguien, bron- 
ca. Dígame si no es para maldecir de la 
vida y para. (Solloza más fuerte.) 

Benigno Por Dios, no llore usted que yo soy muy 
sensible y... (Trata de contener los sollo- 
zos que se le escapan.) 

(Por el foro derecha, sale FIDEL, y des- 
de el mismo foro le dice:) 



Fidel No te impacientes, que ahora vengo; te es- 

toy preparando una combinación, que ya 
verás. 

Benigno (Limpiándose una lágrima.) Bueno, hom- 
bre, bueno. 

Fidel Ya veo que no pierdes el tiempo; haces 

bien, diviértete. 
Benigno (En el mismo tono lloroso.) Sí, me estoy 

divirtiendo la mar. (Fidel hace mutis,) 
Mercedes ¿Ve usted? Esta es la vida, ¡un carnaval! 

¿verdad, que es un carnaval? 
Benigno Por lo menos, yo estoy haciendo de niño* 

llorón. (Por la izquierda, avanza el NIÑO 

DE LA RAYA, que llegará hasta donde 

están Benigno y Mercedes.) 
Mercedes (Al verle.) ¡Ay, caballero! Disimule usted 

que es él. 
Benigno ¿ Quién ? 
Mercedes Mi hombre. 
Benigno ¡Ah! ¿el párvulo de la raya? 
Mercedes Sí, pero disimule usted. 
Benigno Antes, que ría; ahora que disimule... está 

bien. (Se pone a silbar.) 
Niño (Llega pausadamente hasta donde están, 

oye un momento lo que silba Benigno y 

le dice a Mercedes:) ¿Es la filarmónica? 
Mercedes (Temerosa.) ¡Niño, por Dios! 
Niño (Imperativo.) Quita. (A Benigno.) ¿Le 

sería a usted lo mismo, correr el cilindro 

y poner un chotis, que me va mejor? 



Benigno 

Niño 

Mercedes 
Benigno 

Niño 



Benigno 

Mercedes 

Niño 



Benigno 
Niño 

Benigno 



Trinch. 

Nati 

Niño 



Benigno 

Trinch. f 
Nati ( 
Julita 

Mercedes 



(Muy complaciente.) ¿Un chotis? Con 
mucho gusto. (Silba un chotis.) 
(Dándole un papirotazo en el cuello.) Só 
sinfónico. 

(Suplicante.) ¡Niño! 

(Ya un poco en serio.) Oiga, adolescente, 

que me ha hecho usted daño. 

Y no le rompo el cilindro, porque estamos 

donde estamos, que si no... ¿Pero usted 

cree, que no he estado viendo desde allí 

el manejo que se ha traído? 

¿Yo, manejo? 

¡Que estás equivocao, niño! 

El que está equivocao, es este primache 

(Por Benigno) que me están dando unas 

ganas de tentarle la cara... 

(Ya en serio.) Falta que yo se lo tolerase. 

¡Ah, sí? Pues vamos a verlo. (Le da una 

bofetada.) 

(Al sentir la agresión.) Maldita se... (Coje 
una botella y la levanta para darle con ella 
en la cabeza al Niño. Mercedes, le sujeta 
el brazo. TRINCHERILLA , NATI, AN- 
TONIA, JULITA, ALGARROBA y GO- 
LLETE, acuden seguidamente a poner 
paz.) 

Pero, ¿qué pasa? 
Pero, ¿qué es esto? 

Aquí, el burgués, que porque traiga cuatro 
billetes en el bolsillo, cree que puede po- 
ner a uno en ridículo. 
Usted es un mal nacido y un chulo,,, y es- 
to.. 



y un cnuio,. y 
(Vuelve a levantar la botella.) 



( Sujetándolo.) ¡ Calma ! 

(Viendo aparecer a DON UBALDO.) 
¡El encargado! 

(Aparte y suplicante a Benigno.) Caballe- 
ro, por lo que más quiera usted en el mun" 
do, no diga usted nada, que me echan a la 
calle, que es mi ruina. 



45 — 



(FIDEL, también hace salida y avanza al 
mismo tiempo que UBALDO. Fidel saca 
un gorro y un globito en la mano.) 



Ubaldo ¿Se puede saber qué es lo que ocurre aquí? 
Mercedes (Nerviosa.) No, nada... nada... ¿Verdad, 

que no ocurre nada? , 
Todas Nada. 

Benigno (Disimulando.) Aquí, el menor de edad y 
yo, que estábamos dlivirtiéndonos. 

Ubaldo Pues, me pareció sentir ruido como de 
bronca. 

Mercedes ¡Jesús, bronca! Pues si se han hecho la^ 
mar de amigos... 

Benigno Mucho. Y él me ha dado una... prueba de 
ello y yo en cuanto pueda, le pienso co- 
rresponder, eso que lo tenga por seguro. 

Fidel Hombre, tú no sabes lo que me alegro, por- 

que si no llegas a divertirte esta noche, 
me da a mí el tifus. , 

Benigno Pues vete pelando, por si acaso. 

Fidel Pues hala, que ya están repartiendo los ju- 

guetes para el cotillón y antes quiero que 
canten mi número. 

Todas Sí, sí, vamos. (Tirando de sus respectivas 

parejas,) 

Benigno No, yo no ... 

Fidel Tú, vienes conmigo, pues no faltaba más. 

De aquí sales tú esta noche encantao... 

No, y ya he visto que tienes madera de 

juerguista... 
Benigno ¡ Mucha ! 

Fidel ¡Quién se lo iba a figurar!... (Tirando de 

de él.) Vamos. 



(Al hacer mutis todos por el foro izquier- 
da, aparece por la derecha GALA.) 

Gala Oye tú, Nati. 

Nati Me llamo. 

Gala Haz el favor de quedarte un momento que 

tengo que hacerte una recomendación. 



- 46 - 



Nati No las atiendo. 

Gala (Fuerte.) Que te quedes te digo. 

Nati (Bajando al proscenio.) ¿Qué quiere us- 

ted? 

Gala Pues que ha llegado a mis oídos que vas 

diciendo por ahí que yo soy una tía de 
sainete y que mi sobrina es una "demi- 
vierge", y si eso es cierto, a tí te mando 
yo a una clínica dental a que te arreglen 
la boca de la bofetá que te doy. 

Nati Ya será menos. 

Gala Menos de seis muelas, no lo sueñes. 

Nati Pues si con tóos los que hablan mal de 

usté y de Rosario, toma usté esa medi- 
da, van a subir las dentaduras. 

Gala No te quepa duda, porque ¿qué es lo que 

puén decir de mí? 

Nati Entre otras cosas que a su difunto mari- 

do, lo mataba usté a palizas. 

Gala ¡ Calumnia ! 

Nati ¿Pero lo va usté a negar? 

Nati Yo no niego que le pegara, lo que niego 

es que fuera mi marido. 

Nati Cuando usté lo dice... 

Gala Claro está que a ti hay que perdonarte, 

porque tú no has tenido principios. Se ve 
a la legua que donde llevas el reloj de pul- 
sera, has llevao la cesta de la compra. 

Nati Y a usté, que donde lleva el chapiri, ha 

llevao toa su vida un talego de ropa. 

Gala Porque acostumbro a mudarme, que bue- 

na falta te hará a tí. 

Nati Eso sí que no, porque soy muy relimpia 

por dentro, y eso lo sabe tóo el que me 
conoce, y no le contesto como debía, por 
respeto a las canas, que debía usté tener, 
y no las tiene porque se las tiñe. 

Gala Y yo no te he puesto ya los cinco dedos 

en la cara, por aquello de que "Cuidao 
con la pintura". 

Nati ¿Usté, a mí? 

Gala A tí, y no lo he hecho ya, mirando que soy 



40 — 



una señora, y que los locales cerraos hó 
me resultan, porque yo a tí en la calle te 
doy un puñetazo y pa seguir las narices, 
tiés que tomar un taxi. En cambio, aquí, 
no pasan del guardarropa. 

Nati Usté, es una ilusionista. 

Gala Y tú, una mala lengua, que no te la he 

arrancao ya y se la he echao al gato, por- 
que sé que va a rabiar. 

Nati ¡Ay, por Dios! Las narices, la lengua... 

¿Por qué no me hace usté ya la autopsia? 

Gala La autopsia te la harán como sigas ha-^ 

blando de mí o de mi sobrina. Y hemos 
acabao, que pa lo que tú mereces, he gas- 
tao saliva de más. 

Nati Pues, acabao. 

Gala Acabao. 

Nati Y gracias por haberme perdonao la vida. 

Gala No hay de qué. Los sábados siempre suelo 

indultar a alguien. (Nati, hace mutis por 
el foro derecha, y Gala, por la izquierda.) 

(Por el foro sale BENIGNO, Le sigue 
Fidel.) 



Fidel ¿Dónde vas? 

Benigno A la calle. 

Fidel ¿Pero a la calle sin ver el cotillón? Mira 

que es una cosa digna de verse. 

Benigno ¡Aunque sea mejor que el Carnaval de 
Venecia! 

Fidel ¿Pero qué te pasa? ¿No te diviertes? 

Benigno ¡Una atrocidad! Por eso me voy, porque 

yo venía dispuesto a divertirme lo mío; 

pero lo mío y lo de los demás, no me lo 

suponía. 

Fidel Ironías no. A ti te pasa algo y no quieres 

decírmelo. 

Benigno Pues ea, la verdad. Yo he venido aquí, 
más que por pasar una noche de cabaret, 
por ver a Rosario, por pasar la velada 
junto ella, por hablar con ella y el icoti- 



48 — 



llón y las tanguistas y todo lo demás, me 
importa un conmino, y ya lo has visto: 
unas veces porque tiene que bailar com 
Paco el joyero y, otras, porque Paco el 
joyero tiene que bailar con ella, el hecho 
es que... 

Fidel (Sin dejarle acabar.) No sigas que res- 

balas. 

Benigno Te digo que yo no le intereso nada a esa 
mujer. 

Fidel ¿Pero tú le has dicho algo? 

Benigno ¡Pero si no me han dado tiempo! 
Fidel Pues, ahora, se lo vas a decir. 

Benigno ¿Cómo? 

Fidel Que ahora vas a saber si le interesas o no ; 

porque te la voy a traer aquí, aunque sea 
arrastras, y si tú no te atreves a decírse- 
lo se lo voy a decir yo; ten ahí... (Dán- 
dole el globito y el gorro.) 

Benigno ¿Qué es esto? 

Fidel Chucherías parisinas. Ahora vas a ver. 

(Haciendo mutis derecha.) 

Benigno Que no, Fidel... que no la traigas... que 
no quiero... , 

Fidel (Desde el foro.) ¡O se lo dices tú o se lo 

digo yo! (Desaparece.) 

Benigno (Llamándolo.) Fidel... Fidel... Nada, que 
se ha empeñado... No, pues yo no la espe- 
ro, porque si encima de la nochecita que 
llevo, me dice en mi cara que no la inte- 
reso, voy a entrar en la relojería por el 
escaparate... (Con amargura.) ¡Pero qué 
la voy a interesar! ¡Como no la interese 
en el negocio! ¡Ay, Benigno, Benigno, 
vuelve a tu tienda que es volver a la rea- 
lidad! para correr estos caminos se nece- 
sita eso que ya se va alejando de tí, ju- 
ventud... Con el dinero no lograrías más 
que hacer el primo... Ya lo has visto: to- 
/ can a bailar y son otros los brazos que 

se la llevan, tocan a divertirse y son otros 
los que se divierten; tú, sólo tienes per- 



— 49 — 



sonalidad cuando tocan a pagar... Sí, sí, a 
casa, Benigno. 

(Se dirige a la primera derecha y retro- 
cede azorado,) 

¡Mi madre! Ese que está ahí hablando en 
el guardarropa es el tío del reloj del cu- 
co... Sí, sí; su misma cara... su mismo 
bastón... Pues si viene buscándome y me 
coge, me completa la noche. Me ocultaré 
aquí y cuando pase, me largo. 



(Se dirige al tabladillo de la orquesta y 
se oculta detrás del bombo del jazband, 
pero queda asomando el globito. Por el 
foro izquierda, salen GALA y ROSA- 
RIO.) 



Rosario Pero, ¿para qué me trae usted aquí, tía? 
Gala Te traigo para ver si puedo meterte en la 

cabeza que estás jugando a la rana coh, 

tu porvenir. 

Rosario Vamos, sí ; el sermón de siempre. ¿Me 
va usted a hablar del relojero? 

Gala (Asintiendo.) Del relojero. 

Benigno (Asomando la cabeza.) ¡Rosarito y su tía! 

Y por lo que me ha parecido oir hablan 
de mí... (Vuelve a ocultarse,) 

Rosario Pues no se canse usted que todo es inútil. 

Gala Loca, mas que loca. 

Rosario Todo lo loca que usted quiera; pero eso 
de que Don Benigno y yo... eso no lo 
conseguirá usted nunca. 

Gala Pues hija, no lo 'comprendo... Don Benig- 

no en su tipo de hombre amazacotao, 
está bien; no es ningún pollo, pero tampo- 
co es un carcamal; es un hombre sentao. 

Rosario ¡Y dale! No se canse usted más haciéndo- 
me elogios de Don Benigno, porque más 
que usted piensa y mejor pienso yo de él. 

Gala ¿Cómo? 



4 



— 50 — 



Rosario 



Gakr 
Rosario 



Gala 
Rosario 



Gala 



Rosario 



Benigno 

Rosarlo ¡ 
Gala l 
Gala 
Benigno 



Sí, tía, sí; Don Benigno me ha parecido 
desde que lo conocí, un hombre bueno, 
honrado, trabajador, un hombre como 
Dios manda, de esos que hay que anun- 
ciarlos con bombo y platillo. 
Que me maten si te entiendo. 
Pero venga usted acá, tía... ¿Usted cree 
que un hombre como ese me puede tomar 
a mí en serio? Hay que vivir en la reali- 
dad. Don Benigno pensará de mí lo que 
todo el mundo; que soy una mujer fácil, 
que alterna con todo el que le dice cuatro 
palabras, que se pasa las noches en los 
cabarets, y creyendo eso de mí, para qué 
quiere usted que alterne con él, para eso 
bien están lo ; s de aquí. 
Hija, te oigo y me parece que estoy oyen- 
do a Pirandelo. 

Lo que está usted oyendo es lo que leí 
tengo dicho la mar de veces. No se quie- 
re usted hacer cargo de que con medias 
tintas no se puede ir a ninguna parte; 
para medrar aquí hay que ser otra, cosa 
distinta de lo que yo soy. y para ser lo 
que soy, no se puede estar en este sitio. 
Entonces, vete a coser para afuera y qué- 
date sin vista, con acompañamiento de pa- 
tatas viudas o lentejas en su jugo por 
todo alimentación- 

Esa es la verdad; pero como a esa verdad 
la tenemos horror tanto usted como yo, 
hay que seguir aquí, y que quieras o no, 
tengo que «dejar que crean lo que crean 
y que me arrastren si es preciso. 
(Que poco a poco ha ido avanzando, llega 
hasta ella y la dice.) A usted no la arras- 
tran ni jugando al tute. 

lEh! 

Pero, ¿qué le pasa a usted? 

Me pasa que desde este momento, soy el 

hombre más feli» pe da suerda *} reloj. 



— 51 — 



Rosario Pero, ¿ha oído usted?... 
Benigno Todo, Rosario. 

Rosario Pero, después de todo, ¿qué ha oído us- 
ted? ¿Que es usted un hombre bueno? 
¿Que no merece que le engañen?... Pues, 
todo eso es verdad! 

Benigno ¿Y le pa r ece poco? 

Gala W Usted, es un hombre cabal y agradable. 

Benigno Yo, señora, sé lo que soy, porque en mi 
casa además de los relojes, hay espejos, y 
además de espejos, hay calendarios... 

Gala ' ¿Quiere usted hacernos creer que es un 

viejo ridículo? 

Rosario Se rebaja usted demasiado. 

Benigno No me rebajo, me pongo en mi justo pre r 

^ | ció... Yo en esto de alternar estoy a la 

altura del último de los provincianos, y 
respecto a indumentaria, soy de un atra- 
so que espanta: mi americana no entalla; 
mi chaleco no descota, mi pantalón no 
chanchullea... 

Gala ¿Y qué? A mi sobrina le ha sido usted 

simpático tal como vá, y se lo sería usted 

de trusa. ¡ No faltaba más ! 
Benigno Pues esa es mi alegría, amiga Gala; que 

sobre todos mis defectos, haya visto algo 

bueno en mí. 

Rosario He visto que es usted un hombre de co- 
razón. 

Benigno Eso, sí; en punto a corazón, me desafío 
con el que se presente, y le doy tres lati- 
dos de ventaja. 

Gala Pues, entonces, no hablemos más y vamos 

a celebrar esta entete cordialísima, to- 
mando cualquier cosilla. ¡Hala, a sentar- 
se! Tú, Cristino... 

Cristino (Saliendo.) Manden ustedes. 

Gala Tráete, tres raciones de langosta, con ma- 

yonesa. 

Cristino Volando. (Hace mutis.) 
Rosario Le advierto, tía, que yo no tengo ganas de 
abrir la boca. 



' — 52 — 

Benigno V yo, ni ganas ni costumbre. 

Gala Ya picarán cuando la vean; y en último 

icaso, si no pican, picaré yo y si es preciso 
pondré banderillas, y entraré a matar por- 
que la langosta es mi pescao. (Se sienta 
en la primera mesita de la derecha.) 

Rosario Créame usted, don Benigno, váyase usted. 
Este ambiente, no es el suyo. 

Benigno Hace un momento, estaba decidido a irme, 
pero después de haberla oído, de aquí no 
me saca nadie. 

Gala Y tiene razón. 

Rosario Pero no comprende usted tía, que a lo mev 
jor ese, bien por amor propio, o porque 
beba ms de lo regular, puede amargarle la 
noche?... 

Gala ¿Quién, Paco? Ríete de eso; ese no nos 

molesta o me rapo los pocos abuelos que 
me quedan. 

(Sale CRISTI NO con la langosta y la 
sirve.) 



Con vuestro permiso. (Se pon\e a devorar 
la langosta.) 

Rosario No haga usted caso y váyase, don Benig- 
no. Mañana nos veremos en la tienda. Allí 
podemos hablar con más tranquilidad. 

Benigno Yo hago lo que usted quiera, Rosario; 

pero tenga en cuenta que he venido solo 
por verla, por estar a su lado; desde que 
llegué no he podido conseguirlo y ahora, . . 

Gala Ahora se está aquí hasta que nos vayamos 

y nada más. 



(Por el foro izquierda, hace salida PACO 
el joyero, y llega hasta ellos.) 

Paco (Llegando.) Oye, Rosario, va a empezar 

el Cotillón y no es cosa de perderlo, 
digo yo. 



Rosario (Aparte.) Lo que me temía. (Alto,) No 
tengo ganas de bailar, Paco. 

Paco No tienes ganas de bailar, o ¿es que quie- 

res seguir de palique con el señor?... 

Gala Al señor, no tienes tú que nombrarlo para 

nada, porque te lo prohibo, ¿te enteras?... 

Paco ¿Es usted de la censura? 

Gala Soy de la calle de Toledo, que viene a ser 

lo mismo. 

Rosario Mira, Paco, ya te he dicho que esta noche 
no me encuentro bien; estoy cansada; dé- 
jame, coge otra pareja. 

Paco Pero si es que yo tengo gusto en bailarlo 

contigo. 

Benigno ¿Pero no ha oído usted que no se siente 
bien? 

Rosario Usted no se meta en nada, don Benigno. 

Paco Falta que yo le dejara, nena. Yo te he bus- 

cado para que bailes el Cotillón conmigo, 
y lo bailas. 

Benigno Y yo le digo a usted que si ella no quie- 
re, no baila y no baila. 

Paco ¿Va usted a impedirlo? 

Gala (Indignada.) Y si no lo impide él, lo im- 

pide la hija de mi madre, ¡eaf Que has 
conseguido que la langosta me empiece a 
dar coletazos en el estómago. 

Benigno Calma, señora Gala. 

Gala Se me ha acabao la calma y la mayonesa. 

Rosario iPero, tía!... 

Gala (Subiendo cada vez más la voz.) Que no 

bailas. 

Paco Eso lo veremos. 

Gala Por visto; si quieres solazarte con el Co- 

tillón, vé buscándote pareja o sácame a 
mí, que con tal de darte media docena de 
pisotones, bien daos, no me importa el 
ridículo. 



(Por el foro izquierda, sale TIBALDO.) 



Ubaldo 



Pero, ¿qué es eso, Paco? ¿No va usted a 
bailar el Cotillón? 



— 54 — 



Paco Puede que no, (Por Rosario), porque ésta 

se niega a bailar conmigo. 
Ubaldo ¿Que se niega? Ah, vamos; es que tendrá 

compromiso de bailarlo con el señor. (Por 

Benigno.) 
Benigno No, yo no sé. 
Rosario Es que no me siento bien. 
Paco Es que no quiere. 

Ubaldo ¡Ah, pues eso sí que no! Aquí se viene a 
cumplir ,con su obligación, y si estás mala, 
haberte quedado en casita, que no está el 
negocio para regalar un sueldo así como 
así. 

Paco Y que lo que sobra son tanguistas. 

Ubaldo A patadas. 

Rosario ¿De modo que tengo que bailar a la 
fuerza? , 

Ubaldo A ver, si no, para qué te se paga. 

Rosario ¿Lo está usted oyendo, tía? 

Benigno Lo está oyendo su tía y lo estoy oyendo 
yo, y vamos, no sé lo que otro hombre 
acostumbrado a esta vida haría en mi lu- 
gar; lo que sí sé es que si usted no quiere 
bailar, mientras esté yo aquí no hay quien 
la obligue. 

¿Y quién le ha dicho a usted que se la 
obliga? Con plantarla en la calle, asunto 
concluido... Y como no es cosa de perder 
la noche, véte a cobrar y no vuelvas más. 
(Felicitando a Ubaldo.) Así se hace. 
(Medio sollozando a su tía.) Ve usted, ve 
usted, lo que yo me temía, 
j Maldita sea! 

No tienen ustedes por qué apurarse. Sin 
querer, yo he sido el culpable de esto, y 
yo soy el que debe remediarlo y lo reme- 
diaré... No sé cómo decírselo sin que pa- 
rezca -otra cosa, pero si yo no sé decirlo, 
usté sabe adivinarlo... Rosarito, vámonos 
a la calle y no se preocupe de nada. 
Gala Gracias, don Benigno, gracias... Tiene us- 

ted un corazón que es una sopera, 



Ubaldo 



Paco 
Rosario 

Gala 
Benigno 



— 35 — 



Benigno En este momento, por lo menos, no me 
cabe en el pecho. (Da dos palmadas: 
CRISTI NO sale.) ¿Qué debo? 

Cristino Con lo que tomaron antes y la langosta de 

ahora, cuarenta y una pesetas. 
Benigno (Dándole un billete de 50.) Ahí va... Las 

nueve que sobran para usted. 
Cristino Muchísimas gracias. 



(Empiezan a colocarse los músicos en su 
sitio.) 



Benigno (A ellos.) Vamos... 

Ubaldo ¿Supongo que no querrás que te traigan 
aquí los dos duros? 

Benigno Ni quiere, ni los quiere. 

Gala Muy bien dicho; ni los queremos... Se los 

regalamos a usted pa que se reforme el 
frac que, según malas lenguas, es de un 
centenario de esos que hablan en "La 
Voz". 

Benigno (Siempre en serio.) Cuidado; esto se ha 
concluido. 

Ubaldo Y tanto que se ha concluido: al fin y al 
cabo, como todas. 

Rosario (Volviéndose indignada.) Como todas, no. 
Benigno (Imponiéndose.) He dicho que esto se ha 

terminado: a la calle. 
Ubaldo Sí, que le dé el aire. 
Paco Y que le dé los cuartos. 

Benigno (Se vuelve y contesta irónicamente.) Los 

cuartos, las medias y las horas. 
Gala Es relojero. 

(Hacen mutis por la primera derecha. Al 
acabar sus frases GALA, la orquesta 
rompe a tocar su Cotillón, y salen TODAS 
LAS PAREJAS con gor ritos, globos, et- 
cétera, etc., bailando desesperadamente, 
al frente de ellos, MERCEDES LA 
ALEGRE y FIDEL. 



— 56 — 



MUSICA 



Mercedes 



¡A gozar del cabaret! 
¡A bailar el Cotillón! 



y Fidel 



El jazz-ban nos alegra la vida, 
y la vida no es más que ilusión. 
Loca noche de amor, 
noche loca de placer, 
de ichampán y de risas y besos, 
me ofrecen los labios de una mujer. 



Todos 



¡A gozar del cabaret! 
¡A bailar el Cotillón! 



etc. 



{Cuadro animadísimo.) 



TELON 




ACTO TERCERO 



Decoración: La tienda del acto primero, pero reju- 
venecida, pintada, adornada, etc., etc. Ahora, además 
de relojería, es joyería. Una gran vitrina o mostrador 
de cristales ocupa casi todo el centro del escenario.j 
En la derecha del público, casi pegado al mostrador, 
"Comptuar", con caja registradora, etc., etc. En las 
paredes, relojes más lujosos, y todo ello con buen 
gusto. 



(Al levantarse el telón, GALA, vestida 
elegantemente y peinada coqueto ñámente, 
enseña a REMIGIO, tipo de hombre apa- 
letado, unos prismáticos. ROSARITO, 
sentada junto a la caja registradora, figu- 
ra que suma en un libro de cuentas. Es 
por la mañana,) 

Gala (Como continuando la conversación.) 

Puede usted llevarlos a cierra ojos. 

Remigio Son buenos prismáticos, ¿eh? 

Gala Buenos es no decir nada. Tiene usted en 

las manos el as de la prismatiquería. Los 
fabrica la célebre casa alemana González 
Hermanos, y durante la gran guerra el 
ejército no usaba más prismáticos que 
éstos 



— 58 — 



Remigio ¿Y qué precio tienen? 

Gala Veamos. (Lee la etiqueta que tendrán 

colgada.) M. C. Seiscientas pesetas. 
Remigio ¡Caracoles! ¿Pues qué quiere decir 

M. C. ? 

Gala Quiere decir Muy Caros. Pero tenemos 

otros Zeis, que se los puede llevar. 

Remigio No quiero más que unos. 

Gala Zeis es la casa, caballero. Son ingleses y 

graduados para ver desde lejos; esto lo 
sabe y lo dice todo el mundo; los ingle- 
ses, desde lejos. 

Remigio ¿Y no se vé desde cerca? ¿No detalla las 
imágenes? 

Gala Perfectísimamente; basta dar a esta rue- 

decita central. Vea usted, tiene tres ve- 
locidades y marcha atrás. 

Rosario (Desde la caja.) Tía, por Dios. 

Gala Es verdad, sí, me he confundido... Como 

tengo también la representación de auto- 
móviles de la gran casa italiana Landa 
Palanti... pues, sin querer, me voy... Tie- 
nen como vé un movimiento de avance y 
otro de retroceso y... 

Remigio (Sin dejarla acabar.) No siga; por ahora 
desisto de comprar los prismáticos; más 
adelante, ya veré... 

Gala Verá usted cuando los compre, antes le 

va a ser imposible. 

Remigio Lo que más me urge es llevar un par de 
obsequios para una sobrina mía que se va 
a casar y para otro sobrino mío que ha 
sácado plaza en Penales. 

Gala Para el de Penales, nada tan adecuado 

como una cadena de éstas, que puede ase- 
gurar que es perpetua, porque no se la 
parte Uzcudun. 

Remigio No está mal. ¿Y para la niña? 

Gala Para la niña... un ojo de gato; es la pie- 

dra de moda; sólo vale seis pesetas... 
Cómo verá, no es nada lo del ojo. 

Remigio Si hubiese algo mejor... 



— 59 — 



Gala jCómo haber!... Llévele est^ reloj de pul- 

sera, que es lo más lindo que fabrica la 
industria francesa. 

Remigio ¡Ah, es francés! 

Gala De la casa "Buitrón-Citrón", de Lión... 

Fíjese usted en él:' forma Luis XV, 
,con incrustaciones Luis XVI y esfera 
Luis XVII. 

Remigio ¿Y vale...? 

Gala Tres luises: al cambio de hoy, incluidos 

portes y aduanas, se lo puede poner en la 
muñeca a su sobrina por diez y nueve pe- 
setas. 

Remigio Ah, pues siendo así, lo llevo. 

Gala Perfectamente... ¿No desea nada más? El 

colgante de moda, una negra bailando el 

charlestón... 
Remigio No, no, nada. 

Gala O éste otro que dicen que da buena suer- 

te: Un paquidermo con la trompa levan- 
tada. 

Remigio Repito que no quiero más que estas dos 
cosas. 

Gala Está bien. (Se las empaqueta. Después es- 

cribe con lápiz en un talón y, dándoselo, 
le dice:) Tenga la bondad de pagar en la 
caja. Rosarito, atiende al caballero, que 
es de Albacete. 

Rosario (Coge un billete que la da Remigio, lee 
el talón y le devuelve unas pesetas, di- 
ciéndole:) Muchas gracias. 

Remigio (Haciendo mutis.) Buenos días. 

Gala Vaya usted con Dios, y feliz viaje. 

Rosario (Riendo.) ¡Bueno, tía, hay qué ver la ma- 
ña que se da usted despachando! 

Gala Siempre he tenido muy buenas despacha- 

deras. 

Rosario Y que en cuestión de precio, no se para 

usted en barras. 
Gala Como que en el comercio, el titubeo es 

el mayor enemigo de la venta. Tu padre, 



— 60 — 



que tuvo una zapatería y después una 

sombrerería... 
Rosario ¿Una zapatería y una sombrerería? 
Gala Sí, hija, sí; era un comerciante de los 

pies a la cabeza; y a él se le oía decir 

muchas veces: "Si el que vende titubea, 

el que compra regatea". 
Rosario Y por eso, usted antes de titubear pide por 

un despertador de seis pesetas catorce 

duros. 

Gala No, que no. Todo menos perjudicar a don 

Benigno; a este hombre que nos trajo 
aquí, que aquí llevamos ya cerca de cua- 
tro meses, y que además de nuestro suel- 
do nos ha ofrecido una participación en 
las ganancias. ¡Y un" ofrecimiento suyo 
es una escritura de hipoteca! 

Rosario (Figurando que está sumando.) Seis y sie- 
te, trece... Sí es bueno, sí. 

Gala Pues, ¿qué me dices de su hermana, de 

doña Esperanza? ¡Una santa! En fin, has- 
ta Rafael Quejido, el dependiente, es un 
joven de lo más cabal que se encuentra. 

Rosario (Sin poder contener la alegría.) ¿Verdad 
que sí, tía? 

Gala Y guapo y honrao... No se parece en ná 

a los pollos de ahora. 
Rosario ¿Verdad que no? 
Gala ¡Qué se ha de parecer! 

Rosario (Sumando nerviosa.) Ocho y siete, veinte 

y cuatro, y cinco, treinta y ocho... 
Gala Pero, ¿qué dices? 

Rosario Sí, sí; es verdad... Es que... ¿No le ex- 
traña a usted que no esté aquí ya Rafael? 

Gala Sí que me extraña, porque cerno puntual, 

es un cronómetro. 

Rosario ¿Le habrá ocurrido algo? 

Gala Puede que se haya entretenido en algo 

beneficioso para el Establecimiento... co- 
mo don Benigno tiene tanta confianza en 
él, y le quiere tanto... bien es verdad que 
lo tiene a su lado desde niño. 



— 61 — 



Rosario (Sin preocuparse de lo que habla Gala.) 

Sí, sí, pero tarda... tarda demasiado. 
Gala Pues déjalo," que ya vendrá... (Mirando a 

la puerta del foro.) ¡Maldita sea! 
Rosario ¿Qué le sucede? 

Gala No, no es él... Se me había figurado Paco 

el joyero. 
Rosario (Indignada.) ¡Paco! 

Gala Como ahora le ha dao por rondar el esta- 

blecimiento. . . hasta que yo me canse y le 
plante en la puerta un letrero de esos de 
"Dirección prohibida". 

Rosario Por lo visto no le basta icón ir diciendo 
de mí lo que dice. 

Gala ¡ Calumnias ! 

Rosario ¡Calumnias!, pero vaya usted a ir conven- 
ciendo a la gente de que es mentira... No, 
tía, no; lo que dice de mí no se le puede 
consentir, y más de una vez he estado 
tentada de buscarle y arrancarle la lengua. 

Gala El que se la arranca, soy yo, pero que con 

todas las de ley, porque primero le doy 
un guantazo que lo anestesio, y luego pro- 
cedo al tirón. 

Rosario (Indignada.) ¡Canalla! ¡ Más que canalla... ! 



(Por el foro entra QUEJIDO, con el 
sombrero magullado, el pelo en desorden, 
la corbata suelta, manchada la americana 
de tierra, etc., etc.) 



Gala (Al verle entrar.) ¡Gracias a Dios! (Re- 

parando en él.) Pero, criatura, ¿de dónde 
vienes? 

Quejido De la calle. 

Gala Pues parece que vienes del Tercio. 

Rosario (Nerviosa e inquieta.) ¿Le ha sucedido a 
usted algo? 

Quejido Sí... digo no... no ha sido nada... U<n au- 
tobús que por poco me pasa por encima. 

Rosario (Dándose cuenta de que es una disculpa.) 
¿Un autobús? 



— 62 — 



Gala Pues si te llega a pasar, te tenemos que 

poner en el escaparate de los extraplanos. 

Quejido Ha sido una de las aletas que me rozó y 
me dejó caer... pero nada, ya lo ven us- 
tedes. 

Gala Vaya por Dios... Y a propósito de extra- 

planos, ¿tienes ahí ya el que dejó a arre- 
glar el señor Pitaluga? 

Quejido Aún no. 

Gala Pues quedó en venir a estas horas a reco- 

gerlo... Voy al taller a recordarlo, porque 
no hay nada más feo que engañar a la pa- 
rroquia... Si viene alguien llámame. (Mu- 
tis derecha.) 

Rosario (Al hacer mutis GALA, y cerciorarse de 
que está sola, dice, reconcentrada la voz:) 
Rafael, dime la verdad, ¿de dónde vienes? 
¿Qué has hecho? 

Quejido (Disculpándose.) No sé; qué más dá. 

Rosario Rafael, tú has ido a buscar a Paco. 

Quejido ¡Pues sí! A buscarle he ido, y lo he en- 
contrado y nos hemos pegado, eso es todo. 

Rosario ¡Jesús! ¿Pero, tú has perdido la cabeza, 
Rafael? 

Quejido Pero, tú crees que puedo yo consentir que 
ese canalla diga de tí lo que dice; de £í 
que... (Con pasión.) 

Rosario ¡Por Dios, Rafael, que pueden oirnos! 

Quejido Es verdad; perdóname, pero... 

Rosario (Con pena.) Rafael, yo no quería decírte- 
lo, mejor dicho, no podía decírtelo, pero 
es necesario... 

Quejido ¿Qué? 

Rosario Esto nuestro es una locura; piensa que es- 
tamos labrando la infelicidad de don Be- 
nigno, de ese hombre a quien tú y yo se 
lo debemos todo. 

Quejido ¿Y qué quieres decirme? Acaba. 

Rosario Quiero decirte, que si tú no debes olvidar 
que te ha hecho hombre, yo no debo ol- 
vidar tampoco que me arrancó del cabaret 
y que me trajo a su casa; que frente a un 



porvenir de sombras me ha abierta éste; 
digno y honrado; que sé lo que piensa y 
sé lo que sufre. 

Quejido Entiendo; es preciso... 

Rosario Es preciso que ahoguemos este cariño... 

tú lo sabes, te lo he dicho muchas veces; 
yo por don Benigno siento una gran es- 
timación, un cariño, pero no el cariño que 
él busca en mí, lo quiero como a un her- 
mano, /como a un padre, y bien sabe Dios 
que vine aquí dispuesta a que su hombría 
de bien, sus halagos, fuesen poco a poco 
inclinando mi corazón hacia él, pero te 
tropezaste en mi camino, y para qué te 
voy a repetir lo que sabes. 

Quejido Ni es necesario. (Resignado.) Esta mis- 
ma tarde me despediré; dejaré mi puesto. 

Rosario ¿Irte tú? 

Quejido No hay otro camino, Rosario, convén- 
cete, ¿para qué engañarnos? Tarde o tem- 
prano, don Benigno ha de darse cuenta de 
lo nuestro... si no se la ha dado ya. 

Rosario El no; pero su hermana... su hermana, es- 
toy segura que lo sospecha. 

Quejido Pues, ya lo ves; sospechándolo su her- 
mana, no ha de tardar en llegar la sospe- 
cha a él, y cuando se dé (cuenta... No, no... 
tú tienes razón, sería la mayor de las in u 
gratitudes; no soy el que debe destrozarle 
el corazón a este hombre... (Resuelto.) 
Esta misma tarde me voy de esta casa. 

Rosario (Mirando hacia la calle.) Disimula que él 
viene. 



(ROSARIO se coloca en su sitio y ñgura 
que sigue sumando; QUEJIDO se va de- 
trás del mostrador. Por la puerta de la 
calle entra BENIGNO', tratando en vano 
de disimular una gran inquietud y pre- 
ocupación.) 



Benigno 



(Entrando.) jHola, Rosarito! ¡Hola, Ra- 
fael! 



— 14 — 



Quejido 
Rosario 

Benigno 
Rosario 



Benigno 



Rosario 
Benigno 



Quejido 
Benigno 
Rosario 



Benigno 



Quejido 
Benigno 



Quejido 
Benigno 
Quejido 
Benigno 

Quejido 
Benigno 

Quejido 
Benigno 



Buenas, don Benigno. 

¿Qué le pasa? ¿Parece que viene usted 

preocupado... de mal humor? 

Al contrario; estoy contentísimo. 

Y más se pondrá usted cuando sepa lap 

operaciones que se han hecho en lo que 

va "de mañana. 

Ya, ya sé que mi negocio está hoy mejor 
atendido que nunca, por eso no me pre- 
ocupo de él, con la asiduidad que antes. 
(Se pasea para disimular su nerviosidad. 
Un momento de pausa y de pronto, dice:) 
Rosarito. 

¿Desea usted algo? 

No, nada de particular... Que me hiciera 
el favor de entrar ahí con mi hermana... 
Necesito hablar a solas un momento icón 
éste. (Por Quejido.) 
(Temeroso.) ¿Conmigo? 
Sí, contigo. 

(Aparte.) ¡ Dios mío, se habrá enterado de 
algo! (Alto.) Bueno, pues ahí estoy, y 
cuando acabe... 

Sí, sí, ya le avisaré. (Rosario hace mutis 
por la derecha.) (Después de mirar fija- 
mente a Quejido, que hace todo lo posi- 
ble por disimular su turbación:) Ven 
acá, Rafael. 
Don Benigno. 

Acércate, hombre, acércate y no temas. 
Sin duda te figuras de lo que voy a ha- 
blarte y temes mi enojo. 
(Vacilante.) Yo... 

Sí, tú; pero yo te he dicho que no temas. 
Don Benigno, yo le juro que no adivino... 
No te hagas_ de nuevas, porque acabo de 
enterarme de tu riña con Paco el joyero. 
¿Que se ha enterado usted? 
De todo... Precisamente he ido a buscar- 
le para hacer lo que tú has hecho. 
(Sin poderse contener.) ¡Es un canalla! 
Un canalla; pero tú has Jiecho mal en 



- 65 - 

mezclarte en este asunto ; claro que ío 
has hecho movido por el cariño que me 
tienes, y te lo agradezco; pero en lo su- 
cesivo, te prohibo que vuelvas a ocuparte 
de semejante persona. Lo que haya que 
hacer a mí solo me toca. 

Quejido ¿Y qué va usted a hacer? 

Benigno No lo sé, Rafael; no lo sé, porque ese 
hombre es mi pesadilla, mi locura... Por 
culpa de él, no he hecho ya lo que he de- 
bido hacer, lo que es mi anhelo, mi sue- 
ño; pero anda diciendo por ahí que Ro- 
sario y él... 

Quejido (En un arranque.) Mentira. 

Benigno Mentira, sí. Igual que lo crees tú, lo creo 
yo, pero a veces no sé... Yo he sido toda 
mi vida un hombre consciente, y caer a 
mis años en el ridículo y ser el hazme 
reir de la gente... 

Quejido Pero, entonces, ¿es que usted duda de 
Rosario ? 

Benigno Te repito que no lo sé; ló que sí sé, os 
que no vivo, y que por tener la plena cer- 
teza de que lo que ese hombre propala es 
una calumnia daría toda mi fortuna. 

Quejido (Con pasión.) Rosario es buena, Rosario 
es... 

Benigno (Sin dejarle acabar.) Tú hablas así, por- 
que no estás en mi caso, porque no te in- 
teresa ella, (Exaltándose), pero te juro 
que ese miserable... en fin, no hablemos 
más «de esto porque me exalto y se me 
figura que voy a volverme loco. Conque 
ya lo sabes, no vuelvas a ocuparte más de 
este asunto, y gracias por el cariño que 
me has demostrado y que nunca he puesto 
en duda. 

Quejido (Aparte.) Es necesario, yo se lo digo: 
(Alto y vacilando.) Don Benigno, yo que- 
ría decirle a usted... 

Benigno (Sin dejarle acabar y dándole una palma- 
da cariñosa en el hombro.) Nada, nada... 



5 



66 - 



No precisan excusas ; ya te digo que en el 
fondo te lo agradezco. Y ahora, vete 
adentro, cepíllate, arréglate el cuello y la 
corbata... pero antes dame un abrazo. 
(Le tiende los brazos.) 

Quejido (Abrazándolo y aparte.) Rosario tiene ra- 
zón; yo no puedo continuar aquí. 

Benigno (Empujándole cariñosamente.) Anda, pon- 
te presentable y vuelve a tu obligación. 
(Quejido hace mutis por la derecha.) 
¡Pobre muchacho, ha tomado este asunto 
como si fuese cosa suya! 

V 

(Por la puerta de la calle hace entrada 
FIDEL, radiante como siempre de alegría 
y optimismo.) 



Fidel Felices y cronométricas, Benignete. 

Benigno ¿Eres tú, querido Fidel? 

Fidel No sé si soy yo, o Chapí que ha resuci^ 

tado en mí. 
Benigno ¿Y eso qué es? 

Fidel Pues esto es, querido Benigno, que me 

estoy superando a mí mismo. 

Benigno ¿Has compuesto algún couplet nuevo? 

Fidel ¿Cómo alguno? ¡Un camión de ellos! El 

último que he hecho es el verdadero desi- 
derátum, y a eso vengo precisamente, 
porque el truco está en que la que lo can- 
ta reparte relojes a los espectadores. 

Benigno ¿Y te has acordado de mí? 

Fidel Claro. 

Benigno Pues mira, llegas en buena ocasión, por- 
que casualmente tengo un saldo de Ros- 
co fs, que los puedo dar tirados. 

Fidel ¿ Roscof s ? 

Benigno No creo que vaya a repartir Longines. 
Fidel El caso es que tienen que ser relojes de 

pared. 

Benigno Oye, y puesta a repartir, ¿porqué no re- 
partes relojes de torre? 
Fidel No te (chancees, que tú no sabes de esto 



— 67 — 



ni una palabra: hoy un couplet o una obra 
sin truco no tiene éxito. 

Benigno Seguramente tendrás razón, y en lo que) 
de mí depende, ya sabes que soy un ver- 
dadero amigo tuyo. 

Fidel Como yo lo soy tuyo... digo si no... ¿a 

ver a quién debes ese cacho de felicidad 
que te ha entrado por las puertas?... Por- 
que tú, ahora, eres otro hombre. 

Benigno Lo soy, Fidel, a qué negártelo. 

Fidel i Recordarás siempre la noche del Defc- 

made jen-Palas! 

Benigno ¿Que si la recordaré? Fíjate... (Saca del 
bolsillo de la americana el gorrito y el 
globo.) 

Fidel ¿El gorrito y el globo? ¿Pero aún los 

conservas? 

Benigno -;ren2 ouioq! ¡ajduiais 9jeaj9suod so\ j^! 

da un general el trofeo de su victoria! 
Fidel Chico, eres un ingénuo que ni la Catalina 

Bárcena. 

Benigno ¡ Qué quieres ! Yo soy así. Con decirte que 
Pepín, el chico del panadero de al lado, 
me ha pedido casi llorando el globo y el 
gorro y no se los he querido dar. 

Fidel ¿Por qué no los pones en un marco? 

Benigno ¡Quién sabe! Todo pudiera ser... Pero 
espera que voy a... (Acercándose a la de- 
recha.) Rosarito, ya puede salir. 



Gala 

Benigno 

Gala 



10 

Rosario 



(ROSARIO sale seguida de GALA.) 

¿Y yo también, verdad? 
¿Pero qué hacía usted ahí dentro? 
En el taller, metiendo prisa a una com- 
postura, porque con la clientela me gusta 
ser muy formal. 

(A Fidel, por Gala.) Ahí la tienes, el al- 
ma del negocio. 

(Que estará cerca de la puerta, retrocede 
contrariada.) ¡Eh! 
¿Qué le pasa? 



— 68 — 



Rosario 
Benigno 

Gala 
Rosario 

Gala 
Fidel 
Benigno 



Rosario 
Gala 



Rosario 
Gala 



Benigno 
Fidel 



Benigno 



Fidel 
Gala 



(Queriendo disimular.) No, nada. 
Me pareció como si... (Mirando por la 
puerta de la calle.) ¡Poder de Dios! 
Pero, ¿qué es? 

Ese hombre, tía; ese hombre que está 

rondando la tienda. 

¿Paco? 

¿Pero se atreve a venir por aquí? 
Se atreve porque espera que yo le marque 
otro itinerario, y se le voy a marcar aho- 
ra mismo. (Hace ademán de salir.) 
(Sujetándolo.) No, usted no. 
Tiene razón ésta; usted quieto, que lleva 
usted las botas muy limpias pa meterse 
en el barro... Eso lo arreglo yo, que pa el 
caso es como si llevara chanclos de goma. 
Pero, ¿va usted a dar un escándalo en la 
calle? 

Ni por pienso; le voy, con permiso de 
don Benigno, a hacer pasar aquí, y tó lo 
más que puede ocurrir es que lo saquen 
los de la Beneficencia. Conque, si ustedes 
nos hacen el favor de dejarnos un mo- 
mentito... 

Doña Gala, yo no puedo consentir... 
(Aparte.) Por qué no, so primo; déjalos 
que se vean y se expliquen; tú, oculto des r 
de ahí, oyes y así te enteras de si el otro 
ha tenido o no ha tenido... 
Sí, tienes razón. (Alto.) Por mi parte, no 
quiero ser intransigente. Me voy al taller 
con éste... 

Y buena mano izquierda. 
Puede que necesite las dos. 



(FIDEL y BENIGNO hacen mutis por 
la derecha. Al quedarse solas, GALA se di- 
rige a la puerta de la calle, y dice:) 



Gala 
Paco 



Pasa, salao, pasa. 

(Entrando parsimonioso y mirando a to- 



— 69 



Gala 
Paco 
Gala 

Paco 

Rosario 



Paco 
Gala 

Paco 



Rosario 
Paco 



Gala 
Paco 



Gala 
Paco 



Rosario 
Paco 



dos lados.) Agradezco que se me haya 
franqueado la puerta del bazar. 
¿Bazar, eh? 

Le llamo bazar porque hay de todo. 
Hay de todo desde que has entrao tú; an- 
tes no había más que personas decentes. 
Si se me ha llamao para insultarme... 
(Ademán de irse,) , 
Se te ha llamado para decirte que no vuel- 
vas a aparecer más por aquí, que no me 
busques, porque esa tenacidad en rondar 
la tienda puede costarte cara. 
¿Me van a matar? 

No tengas cuidao que aquí no hay tiro de 
pichón. 

Ya veo que no te faltan «defensores; cuan- 
do no es el dependiente es el amo, pero 
déjalos que para rato tienen. 
Acabemos, Paco, ¿qué es lo que preten- 
des? 

Pretender, nada; molestar, todo lo que 
pueda, porque lo que has hecho conmigo... 
A mí no me gusta echar en icara las cor- 
sas, pero tú sabes que desde que nos co- 
nocimos te he librao de muchos pelma- 
zos; que he estao consagrao a tí para que 
los demás no te molestasen; que siempre 
que he tenido dos duros se los ha comido 
tu señora tía en bistefs... 
Pa otra vez, eliges las tías vegetarianas. 
(Continuando.) Y todo lo he hecho por 
simpatía nada más, y tú, en cambio, me 
has pagado marchándote del cabaret de 
una forma que hasta las chapas del guar- 
darropa se rieron de mí. 
Ahí le duele. 

Claro que me duele; porque cuando uno 
tiene cartel y se lo chafan,., ya puedes' 1 
comprender... 

Y por eso vas diciendo por ahí... 
(Sin dejarla acabar.) Cuidao... Yo no di- 
go nada... Ahora que si los demás dicen, 



— 70 — 



Rosario 

Paco 

Rosario 

Paco 



Gala 
Paco 

Rosario 
Paco 



Rosario 
Paco 



no voy a ser yo tan primo que vaya a des- 
mentirlo... 

Es que dicen que entre tú y yo ha habido... 
Que lo digan. 

Es que a tí te consta que eso es una ca- 
lumnia. 

Sí que es mentira, pero después de la ac- 
ción que has hecho conmigo, sería un lila 
si me lomara el trabajo de desmentirlo. 
¿Y crees que eso es de hombres? 
Señora, yo sé muy bien lo que hago, lo 
que digo y lo que dejo decir a los demás. 
Eres un canalla. 

¿Qué quieres? ¿Que vaya gritando por 
ahí Rosario no ha sido más que una amiga 

mía...? 
La verdad. 

Haber procedido de otro modo conmigo. 



(En este momento aparece por la derecha 
BENIGNO, que forcejea por librarse de 
FIDEL, y QUEJIDO que lo sujetan.) 



Quejido 

Fidel 

Benigno 

Fidel 

Benigno 

Paco 

Benigno 



Rosario 
Gala 
Paco 
Benigno 



¡Pero, don Benigno! ... 
¡Pero, don Benigno! 
(Luchando por desasirse.) Dejadme. 
No seas loco. 

Haciendo un esfuerzo y quedando libre.) 
Que me dejéis, repito. 
Ah, vamos; por lo visto, esto es una en- 
cerrona. 

(Adelantándose.) Nada de encerrona. Mi 
presencia obedece precisamente a todo lo 
contrario. He salido porque soy un hom- 
bre leal y quiero darle las gracias por el 
bien que me ha hecho. 

¿Eh? 
¿Yo? 

Usted, sí señor. He oído cuanto ha habla- 
do con Rosario y doña Gala, y yo no sé 
si usted tendrá o no tendrá razón; lo que 



— 71 — 



sí sé es que me ha quitado algo que me 
ahogaba, que iba minando mi vida como 
un mal incurable. 

Rosario (Aparte.) ¡Dios mío! 

Paco Usted comprenderá... 

Benigno Ya le digo que no necesita justificacio- 
nes... Grandes han sido mis amarguras, 
pero la alegría de ahora vale por todas 
ellas. 

Fidel Hablas que das frío. 

Paco Me alegro verle a usted en esa texitura; 

yo, la verdad, al verle salir me creí otra 
cosa. No niego que en lo que se propala 
algo de culpa tengo, pero las cosas son 
las cosas; uno tiene su amor propio... 

Benigno Sí, y su cuartel de abono, como ha dicho 
muy bien. 

Gala ¡Cartel de abono! Pero si éste no ha 

toreao más que en las nocturnas... 
Benigno Bueno, bueno; no volvamos a lo pasado, 
se lo ruego. Tanto usted como Rosarito 
olviden lo pasado, y en cuanto a mí, solo 
me resta decirle una cosa: ésta es su casa 
y esta es mi mano. 
Esta es la mía. 

Yo no quiero descomponer el cuadro; 
ahora que me acuerdo de lo de los bis- 
tefs y... 

Si eso es todo, retiro también lo de los 
bistefs; conque lo dicho, usté me manda. 
(A Gala.) Que se conserve usted buena, 
y a tí, Rosario, te deseo muchas felicida- 
des y que no guardes mal recuerdo de mí. 
Buenas tardes. 
Benigno Vaya usted con Dios. 



Paco 
Gala 



Paco 



(Paco hace mutis por la puerta de la cav- 
ile. Apenas desaparece, Benigno, loco efe 
alegría, se vuelve a los demás y les dice.) 



Y ahora... ahora, si no os parece mal, se 
acabó el trabajo y la venta; esto hay que 



— 72 — 



celebrarlo fuera de aquí, de modo que a 
cerrar, y si por mí fuera, colocaría un 
cartel que dijese: "Cerrado por feli- 
cidad." 

Fidel Hombres como éste hay que buscarlos en 

una tómbola. 

Benigno No tanto; pues bueno fuera que después 
de esta alegría se trabajase aquí. Tú, Ra- 
fael, ¿no lo oyes?... ¿Pero qué te pasa, 
hombre? Lo adivino; te anonada mi feli- 
cidad... ¡Dame un abrazo! Ya te he dicho 
muchas veces que para mí no eres un 
operario de mi casa... eres... un hijo mío. 

(Lo abraza. Por la puerta de la calle entra 
ESPERANZA, con velo y un libro de 

misa.) 



Esperanza (Entrando.) Pero, ¿qué es eso? ¿Qué ocu- 
rre que estás abrazando a Rafael y te 
noto una alegría en los ojos...? 

Benigno Sí, Esperanza, sí; una alegría inmensa. 

Esperanza Siendo tuya, ya sabes que es mía tam- 
bién. ¿Ya qué obedece? 

Gala Paco el joyero, que acaba de irse de aquí, 

y todo lo que se murmuraba de mi so- 
brina... 

Esperanza Comprendo, era mentira... 
Benigno Mentira. 
Rosario Una venganza. 

Benigno Y ya adivinarás, tú, que nos conoces mis 
anhelos, cuál es la determinación que voy 
a tomar, para lo *;ual quiero hablar con- 
tigo seriamente. 

Gala (Aparte a Rosario.) Dentro de unos días 

eres joyera consorte. ¿Te has dado 
cuenta? 

Rosario (Aterrada.) Sí, tía sí, de todo. 
Esperanza Me alegro que te hayas adelantado a pro- 
ponerme lo que yo pensaba pedirte. 
Benigno ¿ Tú ? 

Esperanza Ya comprenderás que para mí no puede 



pasar inadvertido nada que se relacione 
con tu felicidad; de modo que vamos 
adentro, que yo también tengo impacien- 
cia por hablar contigo. 

Fidel Siendo así, les dejo y luego me daré una 

vuelta para eso de los relojes. 

Esperanza No, por mí, no se vaya. Usted es un buen 
amigo de mi hermano, y en esta ocasión 
no estarán demás sus consejos. 

Fidel Si soy necesario... 

Benigno Sí, hombre, sí; anda, entra. Yo ya pensaba 
Fidel ¿En mí? 

Benigno (Entrando.) Claro. Tienes una cara de pa- 
drino que descoyunta. 

(Entran por la derecha Esperanza, Be- 
nigno y Fidel.) 

Gala (Radiante de alegría.) ¡Ay, sobrina de mi 

alma! Echa una mirada sobre todas estas 
existencias, pero una mirada de triunfo, 
porque desde la aristocrática esmeralda 
hasta el modesto despertador, todo va a 
ser tuyo. ¿Pero cómo no rebosas de ale- 
gría? • 

Rosario (Triste.) Déjeme usted, tía, se lo pido por 
-favor. 

Quejido (Aparte a Rosario.) No temas; hoy mis- 
mo me marcho de aquí. 

(Por la puerta de la calle entra MERCE- 
DES, LA ALEGRE.) 



Mercedes (Entrando y abrazando a las dos muje- 
res.) ¡Rosarito! {Señora Gala! 
Rosario ¡ Chica ! 

Gala ¡Merceditas!¿Cómo tú por aquí? 

Mercedes Anoche llegué a Madrid, y como ven no 

me he retrasado mucho en venir a verlas. 
Rosario No sabes lo que te lo agradezco. 
Gala De modo que tú también te fuiste del 

"Desmadejen"* 



— 74 — 



Mercedes Me echaron. 

Gala Ese don Ubaldo debía estar en Rusia, por- 

que es de lo más soviético que yo he 
visto. 

Rosario ¿Y por qué te echaron? 

Mercedes Por cuatro palabras que tuve con el Niño. 

Rosario Ese Niño va a ser tu perdición. 

Gala ¿Porqué no lo echas a la Inclusa? 

Rosario ¿Y por cuatro palabras nada más?... 

Mercedes Nada más; ahora que por causa de la$ 
cuatro palabras hicimos cisco el espejo 
del vestíbulo, dos jarras, tres bocks de 
cerveza, cuatro sillas, dos mesas y un 
aparato de luz. 

Gala i Jesús, hija! Pues si en vez de cuatro pa- 

labras, habláis un poco más, necesitáis el 
Hotel de Ventas. 

Rosario ¿Y has estao fuera? 

Mercedes Sí, chica; afortunadamente me salió un 
contrato para Tánger, de tanguista, y a 
Tánger me fui. 
Gala ¿Y has congeniao con los bereberes? 

Mercedes Yo no le sé decir a usted más que si no 
es por el Niño, a estas horas me estoy 
dando una alcuzcuz- 
Gala ¡Hola! ¿Se enamoró de tí algún santón? 
Mercedes Sí, santón; un hebreo, un tal Isaías Le vi, 
que tenía la exclusiva de la venta de ba- 
buchas, y dos o tres /comercios de sedas, 
tapices y qué sé yo... lo cierto es que al 
segundo día de conocerlo me regaló una 
combinación de seda heliotropo, que ¡va- 
mos ! vosotras sabéis que yo he tenido 
combinaciones, pero como aquélla, nin- 
guna. 

Rosario Bien por Leví. 

Mercedes Lo que oyes. 

Rosario Y por lo visto se chifló de tí. 

Mercedes Pero que no te puedes dar una idea; to- 
das las noches, después de la función, me 
convidaba a cenar, y me ofreció que me 
tendría como una reina, pero en esto se 



— 75 - 



le ocurrió al Niño hacerme una visita... 
Gala Con las criaturas no se va a ninguna 

parte. 

Mercedes Es que si yo llego a saber que iba a ir a 
verme, cualquier día me sorprende, y pre- 
cisamente fué una noche que a Isaías Le- 
ví le dio por llevarme al café del Zoco 
Chico, y allí entró él, y yo, distraída con 
Leví, pues no le vi, y para qué os voy a 
contar. 

Gala Me lo presumo, el escándalo, la Comisa- 

ría, esas cosas que le gustan tanto a tu 
hombre... 

Mercedes i Horrible! No les digo más que a la ma- 
ñana siguiente embarcamos con rumbo a 
la Península. 

Gala Total, que te ha chafao una proporción 

marroquinense que hubiera podido ser tu 
vejez. 

Mercedes Sí, señora; se conoce que es mi sino. (A 
Rosario.) Bueno, y tú, ¿qué? ¿Te has ca- 
sado? ¿Es este establecimiento tuyo? 

Rosario ¡Calla, por Dios! 

Gala Df que si en este momento no lo es, no 

va a tardar mucho en serlo. 
Mercedes ¿De veras? 

Gala Lo que oyes; antes de un mes, es ésta se- 

ñora de Doce. 

Mercedes ¡Señora de Doce! ¡Cómo te van a envi- 
diar ! 

Rosario No le hagas caso, son conjeturas que se 
hace mi tía. 

Gala Sí, conjeturas... La cabeza me juego a que 

esta misma tarde salimos a encargarte el 
trusó. 

Mercedes Pues si es así, que no te se olvide avisar- 
me, porque supongo que será una boda de 
rumbo. 

Gala Claro que vendrás; pero tú sola, ¿eh? Al 

Niño lo metes de interno. 
Mercedes No ha estado usted pesada. Bueno, les 

dejó, ya volveré otro día. 



— 76 — 



Rosario Cuando quieras. 

Mercedes Adiós, Rosarito; adiós, doña Gala. 

Gala Adiós. (Mercedes hace mutis foro.) ¡Po- 

bre chica! Cada vez que veo esto pienso 
en la suerte que has tenido tú. 



(Por la derecha salen ESPERANZA, FI- 
DEL y BENIGNO.) 

Quejido (Figurando que los ve venir, dice apar- 
te:) Ahí viene el amo; éste es el momen- 
to. ¡Ni un minuto más en esta casa! 

Benigno (Hablando con Esperanza.) Nada, no te 
preocupes; has hecho lo que has debido 
hacer y nada más. 

Esperanza Es que temo que... 

Benigno No temas nada, mujer. 

Quejido (Llegando hasta él.) Don Benigno... 

Benigno ¿Qué te pasa, que te tiembla la voz al 
nombrarme? 

Quejido Me pasa que... desde esta mañana que 
estoy para decírselo y no me atrevo; no 
me atrevo, porque no quiero que me icrea 
usted ingrato, porque eso no, ¡no lo soy! 

Benigno Buemo, hombre; pero acaba, ¿qué es lo 
que quieres decirme? 

Quejido Pues que he encontrado una colocación 
que me conviene más que ésta. 

Benigno Mentira. 

Quejido Es mi porvenir, don Benigno; me dan 

doble sueldo y una partí... 
Benigno Mentira. 

Rosario (Ayudándole a Quejido.) Sí, don Benig- 
no, sf. Rafael tenía miedo a decírselo, 
pero como se trata de su porvenir, yo 
misma le he animado... 

Benigno Mentira, he dicho; éste se va, es decir, 
quiere irse, yo sé por qué. 

Quejido ¿Don Benigno, que yo...? 

Benigno ¿De modo que te dan doble sueldo y una 
participación en las ganancias? Pues mi- 
ra tú lo que son las cosas, ahora, hace un 



Quejido 
Esperanza 



Benigno 



Quejido 
Benigno 



Gala 
Fidel 
Rosario 



Benigno 
Rosario 

Gala 



Benigno 



momento me he estado ocupando con mí 
hermana y con Fidel de tí. 
¿De mí? 

De tí, sí; mi hermano está ya cansado de 
luchar; lleva treinta años encerrado en el 
establecimiento, y ya es justo que des- 
canse. 

Eso es: ahora que mi descanso se refiere 
sólo al establecimiento, porque como aca- 
ba de decir mi hermana, son muchos trein- 
ta años encerrado entre estas cuatro pare- 
des; por eso he decidido pasar lo que me 
resta de vida lo mejor posible, aireándo- 
me, divirtiéndome, lejos de la esclavitud 
del negocio, y como alguien ha de aten- 
derlo, nadie mejor que tú. 
¿Yo? 

Sí, tú; ayudado por Rosarito y por doña 
Gala. Estoy seguro que entre los tres me 
lo defenderéis admirablemente, ¿y quién 
sabe, andando el tiempo...? 
(Aparte a Fidel.) Este hombre ha ido al 
colegio con San Ignacio de Loyola. 
(Aparte a Gala.) Y estaba delante de él 
en la clase. 

No, don Benigno, no; esto no puede ser: 
noto algo extraño en sus palabras, y por 
primera vez creo que no habla usted con 
franqueza. 
¿Por qué no? 

Porque... vamos, que no: que eso que 
acaba de decir no es lo que usted siente. 
Y eso mismo digo yo. ¿Para qué engañar- 
nos ? Todo eso que acaba de decir me pa- 
rece un concurso de palabras cruzadas. 
Pues no es nada de ilógico, ni de extra- 
ordinario. Un día Fidel, este buen amigo, 
me habló de algo delicioso y para mides- 
conocido: del cabaret. Me arrastró hasta 
él y desde entonces vengo luchando por 
ocultaros el desbordamiento que se ha 
adueñado de mí; pero ya no puedo más; 



Rosario 

Quejido 

Benigno 

Rosario 

Quejido 

Fidel 

Gala 



Benigno 



Esperanza 

Fidel 

Benigno 



oidlo bien: (Todo este parlamento í o dirá 
el actor esforzando la voz, como si qui- 
siese demostrar una gran alegría; pero 
que se note una gran amargura.) Yo amo 
el cabaret, el charlestón me subyuga, los 
negros del jazz-ban me son simpatiquísi- 
mos, yo no puedo vivir un día sin cono- 
cer a Josefina Baquer... ¡Nada, nada, ya 
es hora de que yo sea un poco egoísta: 
ustedes aquí, defendiéndome el negocio, 
y yo mientras, charlestoneándome para 
hacer la competencia al Niño de la Raya 
y destronar al Algarroba II, y nada de 
caras largas, ni de tristezas... Quiero ve- 
ros a todos joviales, alegres... (Estas últi- 
mas palabras las dice, tratando en vano 
de vencer la emoción que le ahoga.) 
Es que yo... 
Es que yo... 

Repito que no hablemos de esto. 
(Emocionada.) ¡Don Benigno! 
(Emocionado.) No puedo hablar. 
(A Benigno.) ¡Eres inmenso! Me has 
dao el asunto para un cuplet de la Raquel. 
(Enjugándose una lágrima.) ¡Qué hom- 
bre! Si fuese verdad lo del cabaret con 
qué gusto cenaría yo con él toas las no- 
ches. 

(Fijándose en la puerta de la calle.) ¡ Ah ! 
Esperad un momento. (Abre la puerta y 
grita.) ¡Pepillo! ¡Pepillo! 
Es el chico del panadero. 
¿Para qué lo llamas? 
No, nada. (Sacándolos del bolsillo.) Para 
darle este globo y el gorrito, que me lo 
pedía siempre que me encontraba. 



TELON 



FIN DE LA OBRA 



PRE 



£j ° 3 



PESETAS